Amalia
nació en un hogar muy humilde, el 10 de Noviembre de 1835, en Sevilla.
A los 8 días de su nacimiento quedó ciega. Durante tres meses estuvieron
haciendo todo lo posible por hacerle recuperar la vista hasta que un
modesto farmacéutico logró hacerle recuperar la visión, pero sus ojos
quedaron imperfectos. Su madre empezó a enseñarle a leer a los 2 años
haciendo que a los 5 leyera correctamente. A los 18 años empezó a publicar
poesías; cuenta Amalia que ella respetaba y veneraba a su madre profundamente
y permanecieron juntas hasta sus 25 Años, cuando su madre falleció.
Para
Amalia eso fue un golpe muy duro porque perdió el único ser que tenía
en la Tierra y que la quería. Durante tres meses perdió por completo
la memoria. En esos momentos, pues, la situación de Amalia era critica
porque en el tiempo en que duró la enfermedad de su madre habían gastado
gran parte del dinero que tenían con la que Amalia no podía dedicarse
a cualquier tipo de trabajo debido a su visión.
En los primeros
días de la muerte de su madre, la acompañaron amigas de su madre, unas
le proponían que se hiciera monja, otras que hiciera un matrimonio por
conveniencia. Pero Amalia dijo a las dos cosas que no, ya que no soportaría
estar encerrada toda su vida en un convento y no era capaz de engañar
a ningún hombre con quien quisiera casarse. Así, durante seis meses
sus parientes le dieron una pequeña pensión a cambio de ser la costurera
de la casa. En ese momento pensó Amalia que iba a conseguir la estabilidad,
pero a los seis meses ellos le dijeron que aquello era un gasto superfluo
y que no podían más hacerse cargo de ella. Es así que decide viajar
a Madrid, pensando en un futuro mejor.
Al principio vivió bien en Madrid, trabajando de día y de noche. Mientras
tanto, por forzar demasiado la vista en el trabajo, empeoró gravemente
por lo que los oculistas le dijeron que si trabajaba una semana más
quedaría completamente ciega. Como sus ahorros eran muy exiguos, empeñó
toda su ropa y empezó a acudir a las casas donde había trabajo para
que le diesen un plato de sopa para comer. Pero la gente no siempre
responde como uno quiere o piensa, unos le decían que se encerrara en
un asilo, otros que para ser tan pobre e inútil era demasiado delicada
y que debía acostumbrarse a tratar con toda clase de gente.
Dice
su libro que en ese momento solamente distinguía bultos, por lo que
se dedicó a mandadera llevando cartas y recados de un lado a otro y
atenta a cualquier tipo de trabajo que pudiera hacer. Justamente estando
en esa situación, cuando volvía a su casa empezaba a venir a su mente
la idea del suicidio. Pasó el tiempo y no pudiendo pagar su habitación,
aceptó una que le ofrecieron gratis en un taller de pintores. Ya no
tenía nada que empeñar e incluso cuenta que no pudo conservar la tumba
de su madre, por lo que al sentir que no tenía nada en este mundo, volvió
otra vez la idea del suicidio. Cuenta Amalia que un día estando pensando
en ella la idea de suicidio, que a ella venía constantemente, de pronto
dio una gran sacudida, haciéndola pensar en las religiones. Dijo mentalmente
que hay muchas religiones y en Madrid funcionan dos pensó ella -la católica
apostólica románica, y la reformada por Lutero, la protestante. Pensó
que si pudiese creer en alguna de ellas -los que creen dicen que son
felices -así que decidió y empezó a recorrer todas las iglesias.
Empezó
a escuchar sermones que, aunque le transmitían gran admiración, ninguno
resolvía el problema de sus dudas, el porqué de las anomalías incomprensibles
y de las injusticias sociales. No encontrando solución empezó a ir a
capillas evangélicas donde encontró algo que le hablaba al alma. Y encontró
allí, especialmente, una amiga llamada Engracia que se compadeció de
ella, de su ceguera, y le aconsejó que visitara a un doctor llamado
Hysern que era un médico homeópata que había como oculista tenido mucho
éxitos, había hecho grandes curas. Le visitó y dijo que tenía los ojos
muy mal, que era casi imposible su curación, pero si seguía sus consejos,
si se abstenía de mirar con fijeza y olvidaba que tenía ojos, pasado
un año, era posible que pudiera recobrar la visión. El doctor se compadeció
de ella y le dio todas las medicinas necesarias.
En ese
entonces, una antigua amiga de su madre le dio unos bonos para que fuera
a un comedor público en las afueras de Madrid donde repartían comidas.
Estuvo allí solamente una vez y cuenta que fue una experiencia muy dura
al encontrarse allí viendo tanto sufrimiento, tanta gente necesitada,
totalmente desprovista de nada. Ese año, aunque Amalia tenía la esperanza
de recobrar la visión, seguía reflexionando por qué eso le pasaba a
ella y por qué habían seres tan dichosos y otros tan desgraciados. En
este periodo, Amalia también tiene contacto con un médico materialista
que le decía que había unos nuevos locos que creían con la mejor fe
del mundo que el Espíritu vive toda la eternidad, encarnando tantas
veces como lo necesita en la Tierra y en otros mundos, adquiriendo conocimientos
y perfeccionándose y pagando las faltas del pasado.
Al ver
el interés de Amalia en estas personas se comprometió con ella a llevarle
un periódico que recibía y que se llamaba "El Criterio". Así
lo hizo. Al día siguiente, le llevó el periódico y le leyó un artículo,
tras lo que Amalia le dijo: "El Espiritismo es la verdad".
A partir de ese momento cuenta Amalia que empezó a estudiar el Espiritismo
y que una mañana en su casa empezó a sentir en su cabeza una sensación
dolorosa y extraña. Y al mismo tiempo le pareció escuchar voces extrañas
y confusas que decían: "¡Luz! ¡Luz!" y sin saber por qué empezó
a llorar y sin darse cuenta miró al espejo y notó que tenía los ojos
abiertos como hace mucho tiempo no los tenía. A lo que Amalia preguntó
en voz alta como si alguien pudiera contestarle ¿Habrá llegado la hora
de recibir mi libertad? Y oyó un sí, con una voz muy lejana. En ese
momento recobró la visión y salió corriendo para donde estaba él médico
que le dijo que ya habría recobrado su visión y que de ahí al futuro
no podría esforzarse.
A partir
de ese momento, Amalia empezó una nueva vida después de una vida de
sufrimiento y de tantas carencias, encontró trabajo y se propuso seguir
estudiando el Espiritismo. En ese entonces envió poesías a los periódicos
"El Criterio" y "La Revelación" de Alicante. Tras
lo que recibió invitación a escribir en los periódicos, publicando su
primer artículo espiritista en el número nueve del año 1872, en "El
Criterio" titulado "La fe Espiritista". Así se puso en
contacto con la Federación Espirita Española y leyó por primera vez
una poesía dedicada a Allan Kardec el cuatro de Abril de 1874. A partir
de entonces, directores e editores de revistas y periódicos espiritas
le escribían pidiéndole trabajos; dice Amalia que lo que escribió en
esa época le asombraba porque no tenía ni diccionarios, ni libros de
gramática.
Tras
realizar un viaje a Alicante pasa a vivir con una amiga que tenía tres
hijos y un domingo recibe una visita de dos espiritistas catalanes los
cuales traían un mensaje del presidente del Centro Espírita "La
Buena Nueva" de la villa de Gracia, con el fin de invitarla al
Centro, donde tendría más posibilidades de trabajar, ganar más dinero
y por tanto dedicar más tiempo al Espiritismo. El veinte de Julio de
1876 se marcha a Barcelona donde empieza a trabajar pero por un periódico
muy corto de tres meses cuando su visión empieza nuevamente a empeorar.
Los compañeros del Centro la convencen para que se dedique totalmente
al Espiritismo, lo que hizo un poco a disgusto, quedando interiormente
muy apenada por no poder ganar su sustento.
Estando
trabajando cuenta que asistió por primera vez a Tarrasa a una sesión,
al Centro que dirigía Miguel Vives. Esa tarde Amalia se encontraba profundamente
triste. Empezó la sesión con muchas oraciones, entrando en un silencio
y recogimiento muy profundo, el médium empezó a llorar -ese era Miguel
Vives. Sin que en su rostro se revelase la angustia y el sufrimiento
a lo que el director del trabajo le preguntó: ¿Quién eres, Buen Espíritu?
¿A quién buscas aquí? Y él respondió: "A mi pobre hija". En
ese momento Amalia sintió una sacudida y una emoción muy profunda -era
su primera comunicación familiar y cuenta que jamás sintió tanto calor
de vida como en esa ocasión. Su madre le dijo que siempre había estado
con ella en los momentos difíciles. A finales de 1877 decidió contestar
un artículo que había salido en el "Diario de Barcelona" titulado
"El Mundo de los Espíritus" y que decía que el Espiritismo
era una monstruosidad. Amalia contestó publicando en la "Gaceta
de Cataluña" su primer trabajo y así siguió respondiendo a una
serie de artículos que se escribían en contra del Espiritismo...
Se encontraba
Amalia en esa polémica cuando el editor espírita Juan Torrents, invitó
a ella para que empezase a escribir un periódico espiritista, escrito
por mujeres y dedicados a ellas. Publicándose el 22 de Mayo de 1879
el primer número donde escribió un artículo titulado "La idea de
Dios" y siendo denunciado y, condenado a 42 semanas de suspensión.
El 12 de Junio salió otro periódico "El Eco de la verdad"
del cual se publicaron 26 números reapareciendo "La Luz del porvenir"
el 1 de Diciembre del mismo año. Siendo editado por ella los 20 años
siguientes en que ella vivió.
Otro
punto importante de la vida de Amalia fue cuando empezó, el 9 de Julio
de 1879, a mantener contacto con el Espíritu del Padre Germán. Él le
dijo que estaría para ayudarla en sus escritos y que sería su guía.
Con la muerte de Luiz, el director del Centro, Amalia se hizo cargo
de la dirección. Siguió trabajando hasta el 19 de Abril de 1909 cuando
desencarnó. Los principales libros de Amalia Domingo Soler son "Te
Perdono", "Memorias del Padre Germán", "Sus Más
Hermosos Escritos", "Ramos de Violetas", "Hechos
que Prueban", "Memorias", La revista "La Luz del
Porvenir" que ella dirigió durante 20 años. A partir de 1995 el
"Centro Espírita La luz del Camino" seleccionó entre los escritos
publicados de la revista La Luz del Porvenir lo mejor, publicando los
libros siguientes: "La Luz del Porvenir", "La Luz del
Camino", "La Luz de la Verdad", La Luz del Espíritu".
Estos libros fueron distribuidos gratuitamente a todos los países de
habla hispana.