Nuestra larga búsqueda por Dios

Por Umberto Fabbri

La larga búsqueda de la divinidad tiene sus expresiones iniciales en el primitivismo, cuando, debido a su comprensión primaria, piensa encontrar en los efectos físicos de la naturaleza las manifestaciones de Dios. El sol, la lluvia, los truenos, los volcanes, expresarían en su entendimiento, las bendiciones o los castigos divinos.

Más evolucionados y teniendo nuestra percepción un poco más desarrollada, esculturaríamos a Dios en las formas de las piedras, de los animales, de las plantas, hasta llegar a construir una visión antropomórfica de la divinidad, es decir, dándole la forma y las características morales de los hombres falibles e imperfectos que somos.

Enretanto, por más largo que fuese el camino a recorrer, aprenderíamos que Dios no se encuentra en los aspectos materiales, mas tendría una esencia espiritual, la fuente de todas las creaciones del Universo, el sustentador de toda la creación. Recordando Andre Luiz,  en su obra, Evolución en Dos Mundos, a través de Francisco Cándido Xavier, de que nosotros vivimos en el soplo divino y el apóstol Paulo, muchos siglos antes, nos enseñaría que nosostros vivimos y nos movemos en Dios…(Hechos: 17:28)

La figura del Creador, aún hoy en día en muchas  religiones respetadas, continúa en la antigua presentación antropomórfica, que Jesús, el Maestro de los maestros, no ha negado, mas respetó y esperó a que la evolución ocurriese, para que pudiéramos adquirir condiciones de percepción y comprender la grandeza de Dios.

El avance en la concepción de la divinidad de Jesús fue significativo y alteró para siempre el concepto de  Señor de los ejércitos, conquistador cruel, que juzgaba y castigaba a sus criaturas, se desempeño con características humanas y no divinas.

No podría ser presentado de otra forma, como ejemplo tenemos al Dios de Moisés, que a pesar del progreso en su tiempo, era literalmente un guía espiritual del pueblo hebreo, con los que fue el responsable de la primera revelación, Moisés, se comunicaba a través de su mediunidad.

Son revelados por este guía, los 10 mandamientos, que a pesar de ser insertado en ellos los aspectos de la vida social, también traía nuestra relación más directa con el Dios que necesitábamos en nuestro momento evolutivo.

Como dijimos anteriormente, Jesús respetaba nuestra evolución, pero el Creador presentado por el Maestro, ya tenía el nombre de “Padre”, no el Señor partidista,  que favorecía a unos en detrimento de otros. No era más la mezcla de Padre y verdugo, sino aquél que nos ama sin distinción y de manera absoluta.

 

El mismo Jesús nos demostraría aún, a través de sus enseñanzas, que si uno de nuestros hijos, nos pidiese un pan, nosotros no le daríamos una piedra y si nos pidiese un pez, este no sería reemplazado por una serpiente, (Lucas 11:11 – 12). Él  abriría nuestras mentes a la magnitud del Creador. Él hace una comparación de nuestras limitaciones para el amor, o lo que entendemos como amor. Aún así nos enseña que si estuviéramos en  sano juicio no dejaríamos de atender las necesidades de nuestros hijos, que decir  Dios.

Implanta un concepto totalmente nuevo y derriba definitivamente, la divinidad caprichosa, el estado de ánimo inestable, que podría ayudar o castigar sin criterios, sin justicia, sin fraternidad, sin piedad y sin amor.

Para los intereses de algunos o incluso malentendidos de otros, con relación al Señor, todavía encontramos posturas relacionadas al Dios castigador, juzgador y también vengador, que se interpone en nuestros problemas, utilizando algunos de sus hijos o hijas, en contra de otros, como si su amor estuviese limitado y no fuese completo para todos.

Expresiones como “si Dios existe, Él ha de hacer justicia”, como si la divinidad pudiese ser corrompida por nuestros estándares de justicia, incluso tan primarios, a pesar de tantos avances realizados hasta hoy dia.

El 18 de abril de 1857, con el advenimiento de la Tercera Revelación, podemos encontrar la divinidad de una manera más coherente, más acorde con nuestra evolución. Continuamos aún con el deseo de defnirlo, porque todavía, no conseguimos penetrarle la esencia.

Allan Kardec, el Codificador de la Doctrina de los Espíritus, dada la importancia del tema, inicia “El Libro de los Espíritus, en su primer capítulo con el tema:” Dios “.

Y su primera pregunta es: ¿Qué es Dios?

Los Espíritus definen sabiamente:

“Dios es la inteligencia suprema, causa primaria de todas las cosas.”

Se representaba ahí con toda la belleza y simplicidad, el Padre de amor que Jesús nos trajo hace más de 2.000 años, pero ahora con una definición más amplia, de acuerdo con nuestras conquistas evolutivas de entendimiento. La verdad es siempre la verdad, lo que cambia son nuestras posibilidades de absorberla.

Sabemos que nos falta todavia mucho para aprender y penetrar la esencia divina, racionalizar a Dios, mas si ya buscamos a Dios en nosotros mismos, tengamos la certeza absoluta de que estamos en el camino correcto y de aquí a algún tiempo Lo encontraremos y Lo viviremos plenamente, como vive el propio Cristo que un dia nos dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).

De nuestra parte  esforzémonos para hacer que la realidad vivida por Jesús sea alcanzada en el menor tiempo posible. Depende sólo de nosotros mismos.

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