El Empleo Divino de la Energía Sexual

Por Maria de Cássia Anselmo

Jesús nos inspira por medio de sus enseñanzas a buscar nuestra propia evolución. A través de su significativa cita “Podréis hacer lo que hago y mucho más” nos muestra claramente nuestras elevadas posibilidades, desde que obviamente busquemos emprender con esfuerzo, disciplina y fuerza de voluntad nuestro proceso de ascenso espiritual.

La educación es un factor preponderante en nuestra caminata, sin ella no hay proceso alguno. Para alcanzarla precisamos buscar el estudio, el autoconocimiento y su aplicación en nuestra vida, en nuestro día a día.

El entendimiento de nuestra estructura física y espiritual es fundamental para crecer de forma consciente, utilizando este conocimiento a nuestro favor.

En el Universo encontramos dos elementos generales,  espíritu y materia, arriba de ellos, Dios, El Creador. La materia será utilizada por el espíritu para que éste alcance los objetivos de la evolución.

La energía, que es materia, según la Física es una magnitud abstracta, pero podemos considerarla como una fuerza que produce movimiento o transforma otros cuerpos.

Entre las varias formas de energía, encontraremos a energía sexual, que hace parte de nuestras vidas, aún cuando muchos no la consideren, conozcan o dominen.

En nuestro periespíritu, encontraremos los centros de fuerzas, responsables por la manipulación, recepción y emisión de energías o fluidos vitales.

La energía sexual, inherente a todo ser, a diferencia de lo que muchos piensan, no está solamente ligada a la esfera del sexo.

Ella es responsable por guiar y modelar nuevas formas entre los hombres, asegurando la familia y la reencarnación, estableciendo estímulos creadores, con miras al trabajo, a la asociación y a la realización entre las almas, de obras beneméritas de la sensibilidad y de la cultura, reproducción y extensión del progreso y de la experiencia, de la belleza y del amor.

En el hombre primitivo el uso de esta energía es indiscriminado. Por su intermedio apenas busca satisfacer sus instintos aún muy arraigados al reciente paso por el reino animal. Poco a poco evoluciona y aprende que la energía sexual implica discernimiento y responsabilidad. Cansado de recoger los frutos de sus ilusiones egoístas, ve en la monogamia una forma más segura para sus manifestaciones afectivas, aprendiendo así, a desarrollar el respeto, la fidelidad y el amor. Comprende que nadie hiere al otro sin herirse a sí mismo, y que aquello que hicimos al otro, por la Ley de Causa y Efecto, recibiremos de la vida, no como castigo divino, mas sí como forma de aprendizaje, pues Dios nuestro Padre sabe que necesitamos tiempo para aprender.

Siempre que nos unamos a otros en comunión sexual basada en la confianza y afecto, cerramos un circuito, en el cual nos alimentaremos mutua y psíquicamente de energías espirituales. Por medio de nuestro pensamiento, nos ligamos al objeto de nuestro deseo y cuando somos correspondidos por medio de la afinidad y sintonía, creamos una fuerte conexión mental. Cuando estas relaciones son vinculadas al desequilibrio, dando flujo a los instintos primitivos que apenas apuntan a la satisfacción física, sin el debido respeto al otro, nos conectamos en un circuito vicioso e insalubre, pudiendo generar serias consecuencias, inclusive la compulsión sexual.

Muchos buscan en el sexo la felicidad que solo encontramos en el amor, en la relación que necesita tiempo, dedicación y cariño para ser construida.

En la espiritualidad seremos los mismos. Varios escritores describen situaciones en la cuales somos atraídos por nuestros intereses, ligándonos a mentes afines a nuestros deseos. Por eso la necesidad de educarnos, buscando el control sobre esta energía que, si es bien utilizada, podrá auxiliarnos y mucho.

La energía sexual, como toda la materia, no es ni buena ni mala, pero se califica de acuerdo al uso que le damos. Cualquier energía mal empleada causará perjuicios a nosotros y a los demás.

Sublimarla es una conquista del Espíritu y cuando alcancemos ese nivel, ciertamente seremos capaces de construir una humanidad mejor y más feliz, una vez que nuestras relaciones serán pautadas en el amor.

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