El Alma Despues de la Muerte

¿Qué prueba podemos obtener acerca de la individualidad del alma después de la muerte?

– ¿No tenéis esa prueba mediante las comunicaciones que lográis? Si no sois ciegos, veréis, y si no sois sordos, oiréis, porque con sobrada frecuencia os habla una voz que os revela la existencia de un Ser que está fuera de vosotros.

Los que piensan que con la muerte del cuerpo el alma reingresa al todo universal están equivocados si con esto entienden que, a la manera de una gota de agua que cae al mar, aquélla pierde su individualidad. Pero se hallan en lo cierto si entienden por el todo universal al conjunto de los Seres incorpóreos del que cada alma o Espíritu es un elemento.

Image Courtesy of Evgeni Dinev at freedigitalphotos.net

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Si las almas se confundieran con la masa no tendrían sino cualidades del conjunto y nada las distinguiría a unas de otras. No poseerían inteligencia ni cualidades propias, en tanto que, en todas las comunicaciones mediúmnicas, denotan la conciencia del yo y una voluntad distinta. La infinita diversidad que presentan, desde todos los puntos de vista, es consecuencia misma de las individualidades. Si después de la muerte sólo hubiera lo que se llama Gran Todo, absorbiendo a la totalidad de las individualidades, ese Todo sería uniforme y, por tanto, cuantas comunicaciones se recibieron del Mundo Invisible resultarían idénticas. Puesto que encontramos en ellas Seres buenos y malos, sabios e ignorantes, venturosos y desdichados; que los hay de todos los caracteres: alegres y tristes, frívolos y profundos, etcétera, salta a la vista que se trata de Seres diferentes. La individualidad se torna más ostensible todavía cuando dichos Seres prueban su identidad por medio de indicios indiscutibles, detalles personales relativos a su vida terrena y que se pueden verificar. Y ya no es posible la duda cuando se manifiestan ellos a la vista, durante las apariciones. La individualidad del alma se nos enseñaba, en teoría, como un artículo de fe, pero el Espiritismo la hace evidente y, en cierto modo, material.

Tomado del Libro de los Espiritus, Preg.152. Por Allan Kardec

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