¿POR QUÉ EXISTES?

Me parece que es para que tus descendientes se inicien en esos mundos desconocidos. Existes porque para la humanidad hay una gran esperanza. El universo, el vasto universo sería incomprensible si no fuésemos más que hijos del acaso. Todo parece demostrar que la inteligencia ha venido constantemente desarrollándose y propagándose por sobre la superficie de la Tierra. Ahora bien, si nuestras ciencias no fuesen más lejos que nuestra Astronomía, nuestra Física, nuestra Fisiología actuales, hubiera costado, realmente, para llegar penosamente a ese pobre resultado, un inmenso esfuerzo de muchos millones de siglos y de muchos miles de miles de seres vivos. Pero no estamos en el término postrero de nuestro desarrollo porque el futuro de la ciencia es casi ilimitado. Hace cien años, cuando murió Curvier, no se conocía ni la electricidad de inducción, ni la síntesis química, ni los microbios, ni la fotografía, ni el teléfono, ni las ondas hertzianas, ni la radio, ni la aviación, estando las ciencias ocultas entregadas a las pitonisas y a las hechiceras. Por tanto, no se puede prever en absoluto lo que nos espera dentro de cien años, ¡y con más razón dentro de mil! Tenemos, pues, derecho a intentar las más aventuradas experiencias. ¡Cuántos mundos misteriosos, fuerzas invisibles (quizá inteligentes) están en torno a nosotros; qué horizontes espléndidos nos son descortinados! Hagamos una comparación. ¿Será que una hormiga, que deambula en un hormiguero, puede adivinar que hay trasatlánticos y teatros, parlamentos, tribunales, electrones y estrellas? Seguramente somos más inteligentes que una hormiga, pero del universo inmenso que nos rodea no sabemos mucho más que ella.

Charles Richet

                       Charles Richet

Con toda seguridad hay fuerzas diferentes de las conocidas hasta ahora y estudiadas por los sabios. Que podamos conocerlas un día es otra cosa. Digo solamente que hay fuerzas misteriosas, quizá innumerables, en torno a nosotros. No hemos agotado la lista de las fuerzas mundiales. Tales y Protágoras ya pensaban haberla agotado, como más tarde Abelard y Scott y, todavía más tarde, Descartes y Newton. Pese a su talento, Tales, Protágoras, Abelard, Scott, Descartes y Newton se equivocaron. A pesar de que somos bastante inferiores a esos grandes hombres, teniendo más prudencia que ellos, osamos decir que hay una probabilidad formidable, casi certeza, de que mundos desconocidos vibran a nuestro alrededor. Y el segundo argumento, el argumento experimental, es mucho más poderoso aún, y sería preciso ser desoladoramente ciego para no aceptar lo que proclaman la observación y la experiencia. El mundo mecánico, expresado por los Matemáticos, producido por los Ingenieros, descrito por los Físicos y Fisiólogos, no lo es todo. Existen fuerzas mecánicas completamente desconocidas que pueden ser aplicadas (ridículamente, lo confieso) en condiciones inhabituales sin que podamos encontrar una única explicación verosímil. Lo inhabitual existe, hay ectoplasmas, telekinesias, levitaciones, fantasmas, lucidez, premoniciones. Entonces, dos hipótesis (ambas inverosímiles) se presentan. Pero no veo una tercera por si fuese imposible adoptar una u otra. O entonces la inteligencia humana es capaz de milagros. Llamo milagros a los fantasmas, a la lucidez, a las premoniciones. Por tanto, si otrora hubo nómadas y erizos marinos, fue para que hubiese un hombre futuro, más sagaz, más inteligente que el hombre actual que, aprovechándose de las pesquisas de sus ancestros, es decir, nosotros, descubra quizá la causa profunda por la cual él ha aparecido, ¡por la cual tú existes, oh amigo mío! Con todo, hoy, esas ideas sobre el futuro humano y el engrandecimiento de nuestro pensar parecen a la mayoría de los hombres (y principalmente, lamento decirlo, a los sabios), fantasías y sueños.  ¡Sea! Pero lo que nadie podrá contestar es que la ciencia clásica, metódica, la ciencia de las Universidades y de las enseñanzas oficiales, hará progresos maravillosos. Aunque nada esperemos de lo inhabitual metapsíquico, nuevas verdades se descubrirán en lo habitual. Tengamos el coraje de pensar que nuestra Física, nuestra Astronomía, nuestra Geología, nuestra Fisiología, principalmente nuestra Medicina, aún permanecen en una infancia primitiva. Nada sabemos del mundo inhabitual. Pero, asimismo, poco sabemos del mundo habitual, mecánico, banal, en el cual nos movemos. El enorme progreso de la ciencia y la llegada de un hombre superior, es un futuro que tenemos el derecho de aguardar. Y es por ese futuro que los poderosos instintos de la conservación para la vida del individuo y la prolongación para la vida de la especie han sido dados a todos los seres vivos. No es el acaso, quizá no sea más que una ley. ¿Por qué existes? Pregunté al comenzar. Y ahora resumo: Para vivir y para tener hijos. Porque si la humanidad se prolonga, como hay mundos inauditos, enormes, inverosímiles por conocer, esos mundos serán (por lo menos parcialmente) conocidos, pues la prolongación de la humanidad será acompañada de un aumento de la inteligencia. Por tanto, existes para que tus hijos sepan. Si ellos saben, encontrarán el medio de ser felices. No es solamente tu deber, es además tu esperanza. Reflexiona bien sobre esto: actuando así, pensando así, te convertirás en el constructor, no solamente de la felicidad de tus hermanos, sino además de tu propia felicidad. Líbrate de los servilismos dolorosos de la vida, engrandécete y, cuando llegue la muerte, podrás adormecer (para despertar, sin duda) en plena serenidad.

Tomado del libro “La Gran Esperanza” por Charles Richet. 1933

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