Francisco Candido Xavier

El Culto Cristiano en el Hogar

Se poblara el firmamento de estrellas, dentro de la noche de luna plateada, cuando el Señor, instalado provisionalmente en casa de Pedro, tomó las Sagrados Escrituras y, como si quisiese imprimir nuevo rumbo a la conversación que se hiciera improductiva y menos edificante, habló con bondad:
—Simón, ¿qué hace el pescador cuándo se dirige para el mercado con los frutos de cada día?
El apóstol pensó algunos momentos y contestó, titubeante:
— Maestro, naturalmente escogemos los mejores peces. Nadie compra los residuos de la pesca.
Jesús sonrió y preguntó de nuevo:
—Y el alfarero ¿Qué hace para atender a la tarea a que se propone?
— Ciertamente, Señor — respondió el pescador, intrigado —, modela el barro, imprimiéndole la forma que desea.
El Amigo Celeste, de mirada compasiva y fulgurante, insistió:
—Y, ¿cómo procede el carpintero para realizar el trabajo que pretende?
El interlocutor, muy simple, informó sin titubear:
— Labrará la madera, usará la azuela y el serrucho, el martillo y el formón. De otro modo, no perfeccionará la pieza bruta.
Jesús se calló, por algunos instantes, y adujo:
— Así, también, es el hogar delante del mundo. La cuna doméstica es la primera escuela y el primer templo del alma. La casa del hombre es la legítima exportadora de caracteres para la vida común. Si el negociante selecciona la mercancía, si el ebanista no consigue hacer un barco sin amoldar la madera a sus propósitos, ¿cómo esperar una comunidad segura y tranquila sin qué el hogar se perfeccione?
La paz del mundo comienza bajo las tejas a que nos acogemos. Si no aprendemos a vivir en paz, entre cuatro paredes, ¿cómo esperar la armonía de las naciones? Si no nos habituamos a amar al hermano más próximo, que está asociado a nuestra lucha de cada día, ¿cómo respetar al Eterno Padre que nos parece distante?
Jesús pasó rápidamente la mirada por la modesta sala, hizo un pequeño intervalo y continuó:
— Pedro, encendamos aquí, en torno a los que nos buscan la asistencia fraterna, una claridad nueva. La mesa de tu casa es el hogar de tu pan. En ella, recibes del Señor el alimento de cada día. ¿Por qué no instalar, alrededor de ella, la sementera de la felicidad y de la paz en la conversación y en el pensamiento?
El Padre, que nos da el trigo para el granero, a través del suelo, nos envía la luz a través del Cielo. Si la claridad es la expansión de los rayos que la constituyen, la abundancia comienza en el grano.
En razón de eso, el Evangelio no fue iniciado sobre la multitud, y, sí, en el sencillo domicilio de los pastores y de los animales.
Simón Pedro fijó en el Maestro los ojos humildes y lúcidos y, como no encontró palabras adecuadas para explicarse, murmuró, tímido:
— Maestro, que se haga como deseas. Entonces Jesús, convidando a los familiares del apóstol a la exposición edificante y a la meditación elevada, desenrolló los escritos de la sabiduría y abrió, en la Tierra, el primero culto cristiano del hogar.

Tomado del libro Jesus en el Hogar por el espiritu Neio Lucio, psicografia de Francisco Candido Xavier.

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