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Youth Day Celebration – “An Awakening Journey”

Youth Day Celebration – “An Awakening Journey”

Summary:

This event is open to all Spiritist Centers in Florida that have a Spiritist School for Youth Students ages 13 years +.  It is geared to join in students of the Spiritist Schools 13 years + in all Spiritist Centers with their Facilitators (Teachers) and integrate them with the charitable social activities in their or adjacent Spiritist Centers, developing their sense of leadership and community work.  Each workshop for this program is geared to awaken the students and facilitators will to assist others and be aware of the benefit that it entails

Youth Day Celebration (1)

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Gabriel Delanne

                                 1857 – 1926

 

delannepicEl escenario era la capital de Francia: París, considerada culturalmente en la vanguardia occidental del arte, filosofía, ciencias y letras, ya sea como cuna o como receptora de escuelas y   movimientos de significación.

Hippolite León Denizard Rivail había consolidado sus investigaciones espíritas, publicado “El libro de los espíritus” y fundado un año después, la primera institución espírita que denominó “Sociedad parisiense de estudios espíritas”. En ese momento, vivían también en París, Alexandre Delanne y su esposa Marie Alexandrine Didelot, quienes se ganaban la vida con la venta de artículos de limpieza en una pequeña tienda. Ella la atendía mientras su esposo viajaba para encontrar clientes. Tenían dos hijos varones de poca edad: Gabriel, nacido el 23 de marzo de 1857 y Ernesto, con quienes vivían en una modesta casa en la calle Saint Denis.

En uno de sus viajes de negocios, Alexandre Delanne llegó hasta la ciudad de Caén, ubicada en la región de Normandía, al N.O. de Francia sobre el Canal de la Mancha y a orillas del río Orne. Un domingo fue al Café “Grand Balcon” donde oyó la conversación de dos desconocidos, en la que uno de ellos afirmaba que los espíritus existían y era posible comunicarse con ellos. El tema era atractivo y conmovedor, por lo que no pudo evitar la curiosidad y se acercó a ellos con el fin de averiguar más.

Le aclararon entonces, que un profesor francés había escrito algunas obras donde explicaba aquello y que a esa doctrina, la había llamado Espiritismo; le dieron además, la dirección en París de la Sociedad Espírita y los títulos de los libros que podía leer.

A su regreso al hogar, comentó ese encuentro con su esposa y ésta, vivamente interesada lo convenció de que buscara “El Libro de los Espíritus” y “El Libro de los Médiums”.

Después de su lectura, el interés fue aún mayor y decidieron hacer lo posible por conocer al autor. Se dirigieron al Pasaje Santa Ana, donde vivían los esposos Rivail y fueron recibidos en forma muy cortés; hablaron sobre las obras que habían leído y después de una conversación amistosa durante la cual Marie refirió algunos fenómenos personales que podían interpretarse como una facultad mediúmnica espontánea, el profesor Rivail los invitó a acompañarlos a una reunión en la Sociedad recién fundada.

Aceptaron gustosos y allí se puso de manifiesto la sensibilidad de médium escribiente mecánica de la Sra. Delanne, quedando desde entonces, al servicio de las actividades de investigación del profesor Rivail o Allan Kardec, tal como firmaba sus libros.

De allí en adelante, los viajes de negocios de Alexandre Delanne fueron aprovechados para desarrollar una intensa labor de divulgación de la doctrina. La educación de Gabriel y su hermano se consolidó en este medio espírita, y para ellos, el vocabulario, los fenómenos y las lecciones morales fueron naturales desde su infancia. El Sr. Delanne contaba que cuando Gabriel tenía 7 años le preguntaron un día sobre la profesión de sus padres y él ingenuamente respondió que eran espiritistas, su madre era una buena médium y él esperaba ser como ella.

Siendo ya mayor, afirmaba que la facultad de Marie le había permitido no tener dudas sobre la verdad espírita y desde niño se había esforzado en explicarla a sus amigos; además terminaba diciendo con una sonrisa, que sorprendentemente los convencía. De allí que luego se afirmara que Gabriel comenzó su tarea de Apóstol del Espiritismo desde sus años escolares.

La familia Delanne mantuvo una estrecha amistad con los esposos Rivail; se visitaban frecuentemente y Kardec disfrutaba jugando con los niños y sentándolos en sus piernas, esperando que se convirtieran en seguidores del Movimiento Espírita. Gabriel conservaría toda la vida el recuerdo de esas vivencias y de sus enseñanzas, que compartía en sus conferencias y discursos, con cariño y agradecimiento.

Corría el año 1863, los continuadores de la obra del Profesor Rivail comenzaban su camino, Gabriel tenía 6 años, mientras León Denis tenía 17 y estaba conociendo el Espiritismo en una librería de Tours.

Después de recibir la primera instrucción en su hogar, como era la costumbre, ingresó en el Colegio de Cluny, ciudad de Saône-et-Loire; más tarde, se trasladó con su hermano al Colegio de Gray en Haute-Saône, residencia de una de sus tías y cuñada de Alexandre, donde se desempeñó como un estudiante brillante y en 1876 ingresó en la Escuela Central de Artes y Manufacturas.

Después de una época marcada por las dificultades económicas, por las que tuvo que dejar la Escuela, logró graduarse de ingeniero electricista y trabajó en la Compañía de Aire Comprimido y Electricidad “POPP” hasta 1892.

Sus biógrafos mencionan la dificultad para obtener datos de su vida porque Gabriel era muy reservado y no le gustaba hablar de sí mismo; sin embargo quedaron algunas informaciones

Su salud nunca fue muy buena; en su infancia tuvo una infección en su ojo izquierdo con una disminución importante de la visión. Más tarde, desde los 30 años, sufrió de ataxia, incoordinación de los movimientos de origen neurológico, caracterizada por inestabilidad, vacilación y falta de medida al trasladarse, lo que le dio un peculiar modo de caminar.

Desde los 17 años fue espírita militante y asistió a las reuniones mediúmnicas en la casa de sus padres, mudados entonces al Pasaje Choiseul Nº 39 y 41 donde tenían su negocio en la planta baja y su habitación en el piso superior.

Más tarde, sus amigos presentes en esas sesiones, relataron muchos fenómenos observados durante ellas y recordaban una comunicación personal dirigida a Gabriel: “No temas nada, ten confianza. Desde el punto de vista material, jamás serás rico, pero nada te faltará”; y dicen que esto se cumplió durante toda su vida.

En marzo de 1880, a los 23 años tomó parte activa en el importante acto conmemorativo anual de la desencarnación de Allan Kardec, de la que se cumplían 11 años En el cementerio “Père Lachaise” se reunieron amigos y seguidores de su obra, y a Gabriel le correspondió ofrecer un discurso, en el cual ya se notaba su interés en hacer énfasis en el aspecto científico del Espiritismo y de resaltar que Allan Kardec no había pretendido fundar una nueva religión o un nuevo culto. Sin embargo, también admitió que sería necesario un intenso trabajo para lograr la consolidación de una teoría científica a partir de esas relaciones con el mundo espiritual; aunque confiaba que finalmente serían reconocidas como fenómenos naturales y dejarían de representar un misterio. Finalmente, hizo la promesa de hacer los mayores esfuerzos para expandir sus ideas y sembrarlas en todo el mundo. Años después, en reconocimiento al cumplimiento de su palabra, mereció el nombre de Apóstol del Espiritismo Científico.

Era lógico que debido a su formación dentro de la ciencia positiva, Delanne se dedicara, preferentemente a las investigaciones de los fenómenos espíritas; es decir, al aspecto científico de la Doctrina Espírita, en verdad la más dificultosa y poco comprendida, hasta por aquellos que se dicen sus adeptos.

En 1882, los dirigentes de los grupos espíritas parisinos, bajo la presidencia de P. G. Leymaire y Gabriel Delanne como secretario, realizaron una reunión con el objeto de estudiar un programa enviado por los espíritas belgas. La proposición de reunirse en Bélgica fue aceptada y culminó con la creación de la Federación Espírita Francesa-Belga, convertida un año más tarde, en Federación Francesa-Belga-Latina.

En diciembre de ese mismo año, Alexandre Delanne y su hijo Gabriel fundaron la Unión Espírita Francesa, establecida en París, bajo la presidencia del Dr. Josset y Marie Delanne como tesorera. La Comisión Directiva de la agrupación se reunía en la casa de la familia Delanne y su objetivo era reunir a todas las sociedades espíritas diseminadas por Francia.

En enero de 1883 desencarnó Amelie Rivail a los 88 años, en plenitud de sus funciones intelectuales y aún con la suficiente fortaleza física que le había permitido continuar la labor espírita, con el sello de su carácter dulce y consolador, durante los 14 años que sobrevivió a su esposo.

Gabriel, recordando la estrecha amistad que la había unido a su familia, y el aporte que había brindado al estudio y la enseñanza de la Doctrina Espírita, pronunció un discurso de despedida durante sus funerales en el cementerio de París, y ese mismo año, una vez más, recordó a Allan Kardec en la fecha aniversaria, con palabras que son mencionadas frecuentemente por los estudiosos espíritas afines con su posición: “No temamos divulgar nuestra fe. Más que cualquier otra filosofía, el Espiritismo fortalece y penetra las almas con sus dulces efluvios. Tenemos la convicción, hagámosla penetrar entre nuestros hermanos, unamos nuestros esfuerzos para sembrar fértilmente nuestras ideas en las masas y marchemos a la conquista de la sociedad moderna, apoyados de un lado en la Ciencia y de otro en la Razón”.

Gabriel disfrutaba contando una historia a sus amigos. Decía que un día de 1883 recibió una carta escrita en un papel tosco, mal redactada, con numerosas faltas ortográficas y un imperfecto francés, firmada por una señora que le pedía se dirigiera a Versalles, en las afueras de la ciudad, donde ella residía, para poder comunicarle algo importante con relación al Espiritismo.

Al principio no le dió mucha importancia pero al fin, decidió acudir. En un suburbio alejado y escondido encontró la casa antigua al fondo de un patio descuidado, subió por una escalera destartalada y se encontró frente a una puerta despintada, con una campanilla colgando de un sucio y raído cordón sin borla.

Dudó una vez más, pero por fin llamó; lo hizo 3 veces, y ya se iba, cuando una anciana entreabrió la puerta y preguntó que deseaba. Mencionó la carta y ella lo hizo entrar tomándolo bruscamente de la mano. El cuarto y los muebles le desagradaron, igual que el aspecto de la mujer; quien le indicó una silla y se sentó frente a él hablando en un francés con fuerte acento inglés.

Gabriel se sorprendió cuando ella le confió su deseo de fundar un diario para difundir el Espiritismo. Confundido atinó a decir que era necesario mucho dinero y entonces la anciana se dirigió a un mueble, sacó una bolsa y de ella 5000 francos, – suma suficiente para una operación comercial importante -, se los alargó diciéndole que estaban destinados a los primeros gastos y le preguntó si estaba dispuesto a dirigir la publicación. Gabriel no salía de su sorpresa y quiso expresar su agradecimiento, pero ella contestó que sólo quería difundir la doctrina y eso no era de agradecer.

Gracias a esa donación se fundó la revista “Le Spiritisme” cuyo primer número salió en marzo de 1883; y que debió su nacimiento a la generosa señora inglesa Elizabeth D’ Esperance, una de las pioneras del Espiritismo quien más tarde desarrollaría su facultad mediúmnica.

La Revista “Le Spiritisme” tuvo por sede el Passage Choiseul Nº 39 y 41, y luego, la calle Delayrac Nº 38, donde la familia Delanne había fundado un grupo espírita. Gabriel escribió artículos y luego se convirtió en Redactor General con el apoyo de su padre, emprendiendo una propaganda incansable y habilidosa que logró disminuir las prevenciones hacia la doctrina.

Al final de ese mismo año, se planteó una controversia pública entre Gabriel Delanne y J. Guerín sobre la encarnación de Jesús, publicada en la Revista Espírita de enero de 1884. Guerín sostenía su idea sobre la naturaleza divina de Jesús, mientras su interlocutor evaluaba a Jesús como un ser excepcional por su inteligencia y su grado de evolución, pero consideraba que la vida espiritual de Jesús no constituía elemento suficiente para admitir una naturaleza orgánica especial, y agregaba: “según pienso, Jesús es un espíritu eminentemente superior, es el modelo por el cual nos debemos guiar, pero entre Dios y él, la distancia es aún mayor de la que hay entre nosotros y Jesús”.

En 1884, Gabriel fue nombrado delegado por la “Unión Espírita Francesa” para representarla en el Congreso Espírita Belga, a realizarse en Bruselas, y con sólo 28 años de edad, publicó su primera obra espírita titulada “El Espiritismo frente a la Ciencia”.

Este libro, dedicado a sus padres, está dividido en 6 partes:. En la primera examina diferentes filosofías; en la segunda examina el cerebro; la tercera comprende el estudio del magnetismo y su historia, examina el sonambulismo natural, el magnético y el hipnotismo; en la cuarta analiza las pruebas de la inmortalidad del alma por las experiencias científicas; en la quinta define el periespíritu, examina las pruebas de su existencia, su composición, su utilidad y su papel después de la desencarnación y en la última estudia algunas clases de mediumnidad.

Es interesante notar que en septiembre de ese año apareció la publicación de León Denis “El porqué de la vida”, de tal forma que el comienzo de la labor editora de los dos grandes continuadores de la obra de Kardec, fue simultánea.

En diciembre de ese año fue elegido Vicepresidente de la “Unión Espírita Francesa” y desplegó una intensa labor como conferencista en París, en el interior de Francia, Bélgica, Inglaterra y Holanda logrando un gran éxito en sus exposiciones, que suscitaron la publicación de elogiosos artículos en el “Journal de Charleroy”, el “Express de Liege”, el “Independente Belga”, “Le Matin d’Anveres” y “La Chronique”.

En 1890, su hermano Ernesto, espírita y amigo íntimo de León Denis, contrajo matrimonio con Noemí; dos años después enfermó y abandonó París, trasladándose a la ciudad de Gray, a la casa de su tía donde habían vivido cuando eran niños. Acostumbrado a la unión fraternal y por el aprecio que sentía por ellos, Gabriel se afecto profundamente por la separación.

En 1892 renunció al trabajo en la Compañía “POPP”, se convirtió en representante de una casa comercial y debía viajar continuamente, aprovechando esta circunstancia para su labor divulgativa doctrinaria. En uno de esos viajes a Argel, recibió la noticia de la desencarnación de Ernesto, pero no pudo ir a su funeral. Sólo su madre estuvo presente, puesto que su padre, también estaba en viaje de negocios. Al poco tiempo, su cuñada Noemí, deseó obtener una comunicación espiritual con el que fuera su esposo, pero a pesar de asistir con Gabriel a muchas sesiones, no lo pudo conseguir. Un año después desencarnó la Sra Delanne y sus restos fueron trasladados al cementerio Père Lachaise, a la tumba familiar, muy cercana a la de Allan Kardec.

Gabriel y su padre continuaron trabajando por la divulgación del Espiritismo. En 1896 apareció el primer número de la “Revista Científica Moral del Espiritismo” fundada por Gabriel Delanne, donde recogía trabajos de numerosos autores espíritas y naturalmente, de él mismo. Desde este momento, a los 39 años de edad, dejó totalmente su actividad comercial y se dedicó completamente a la labor espírita.

En la conmemoración anual de la desencarnación de Allan Kardec dictó en Lyon, la ciudad natal del maestro, su famosa conferencia titulada: “La fuerza psíquica”.

Para aquellos tiempos, Héctor Durville fundaba en París la Universidad de Altos Estudios, compuesta por las Facultades de Ciencias Magnéticas, de Ciencias Herméticas y de Ciencias Espíritas. Gabriel Delanne asumió la responsabilidad de la dirección de esta última y los cursos se dictaron en la Federación Espírita ubicada en la calle Chateau d’Eau, 55. En este período se publicaron varias de sus obras doctrinarias, que hasta hoy han contribuido al patrimonio cultural espírita.

“El fenómeno espírita”, apareció en 1896 y contiene los testimonios de intelectuales de diferentes países donde se ocupaban del tema, afirmando categóricamente la legitimidad de los fenómenos. Entre ellos se destacaban el físico inglés William Crookes, inventor, experimentador y descubridor del talium, quien al referirse a los fenómenos espíritas dijo: “Yo no digo que es posible, digo que existe”; y el escritor francés Víctor Hugo, que expresó: “Evitar el fenómeno espírita, negar la atención a que tiene derecho, es negar la verdad”.

Un año después publicó “La evolución anímica” donde presentó un estudio general de la vida de los seres organizados, un análisis minucioso de la estructura del periespíritu y de sus propiedades funcionales al que definía como “el estatuto de las leyes que rigen la evolución orgánica”; analizaba la memoria y las personalidades múltiples por la reencarnación, y hacía un trabajo de integración de la concepción evolucionista presentada por Darwin y la filosofía palingenésica sustentada por el Espiritismo. Su análisis lo llevó a resumir magistralmente:

“El principio pensante recorrió lentamente, todas las escalas de la vida orgánica, y fue por medio de una ascención ininterrumpida, en el transcurso de siglos innumerables, que él pudo, poco a poco, lentamente, fijar en el contenido fluídico todas las leyes de la vida vegetativa, orgánica y psíquica. Le fue preciso rematerializarse un sinnúmero de veces para que todos esos movimientos, sentidos y deseos conscientes, llegasen a la inconsciencia y al automatismo perfecto, que caracterizan las reacciones vitales y las acciones reflejas. No es de improviso que el ser llega a ese resultado, pues la Naturaleza no hace milagros y opera siempre de lo simple a lo complejo. Para que un ser tan complejo como el hombre, que reúne los caracteres más elevados de todas las criaturas vivas, pueda existir, necesita, absoluta y necesariamente, que tenga recorrida toda una serie, cuyos diferentes estados, él mismo resume”

Su teoría superó todas las anteriores, por cuanto su concepto reencarnacionista no era fatalista y se proponía encontrar respuestas a los problemas palingenésicos, descartando un carácter místico. Su visión del Espiritismo era fundamentalmente filosófica y científica de donde se extraen consecuencias morales; mientras se declaraba contrario a la posición dogmática y religiosa, a la que consideraba generadora de oscurantismo e inhibidora en la búsqueda de la explicación de los fenómenos naturales.

En 1898 los espíritas parisinos conmemoraron los 50 años del Espiritismo con dos conferencias públicas a cargo de León Denis y Gabriel Delanne. Simultáneamente, apareció su obra “Investigaciones sobre la mediumnidad”, como resultado de su larga experiencia en ese campo; y en junio de ese mismo año, gracias a su renombre como conocedor de la Doctrina y como orador, Gabriel Delanne se acreditó como Delegado de la Sección Francesa, de la Federación Espírita de Londres y de la Unión Kardecista Italiana en un importante Congreso Internacional celebrado en Londres, donde presentó un extenso y profundo trabajo sobre las “Vidas sucesivas”.

Poco después la Federación Espírita Universal se transformó en Sociedad Francesa de Estudios de los Fenómenos Psíquicos, con el Dr. Moutin como Presidente y Gabriel Delanne como Vicepresidente, para asumir la Presidencia, a corto plazo. Esta Institución adquirió un gran renombre en Francia, y se admite que pocas instituciones después de la fundada por Allan Kardec, hicieron un esfuerzo tan grande para desarrollar y extender el conocimiento espírita. Desde allí, Delanne se dedicó a su apostolado y se declaró un decidido adepto del estudio racional y científico. Su extraordinaria memoria y su gran erudición, le permitieron formar experimentadores espíritas de primera categoría, examinar cuidadosamente los fenómenos producidos por los médiums, y presentar en todos los Congresos Internacionales que se celebraban para la época, el resultado de sus trabajos.

En 1899, como fruto de sus investigaciones presentó su libro “El alma es inmortal”, donde realizó un estudio minucioso del periespíritu, su demostración experimental y la comprobación de la inmortalidad del espíritu.

El Congreso Espírita Internacional, reunido en 1900, bajo la Presidencia Ejecutiva de León Denis y con la Presidencia Honoraria del respetado naturalista inglés Alfred Russel Wallace, se convirtió en un hito para el Espiritismo. Gabriel Dellane formó parte de la Comisión encargada de preparar los trabajos que se presentarían. El mismo debía elaborar un relato sobre Reencarnación, pero luego de pronunciar el discurso de apertura, su mala salud le impidió asistir a la presentación de los trabajos, incluso el suyo propio. Ese mismo año escribió el prefacio de la biografía de Allan Kardec escrita y publicada por Henri Sausse.

Un año después desencarnó Alexandre Delanne a los 71 años de edad y con más de cuatro décadas dedicadas a la difusión de la Doctrina Espírita. Esta separación le causó a Gabriel un gran dolor y durante el resto de su vida recordó con agradecimiento el apoyo moral y material brindados por su padre, para que él pudiera trabajar sin trabas en su obra espírita.

Al poco tiempo adoptó a una niña abandonada, Suzanne Rabotin, de sólo 7 meses de edad, a la que cuidó con la ayuda de su prima Mathilde Peley, siempre muy cercana a su familia y desde entonces, dedicada a la atención de ambos.

En 1905 presentó en Lieja-Bélgica su trabajo “La exteriorización del pensamiento” y viajó a Argel donde, en compañía de su gran amigo el profesor Charles Richet, asistió a experiencias donde intervenía el conocido médium de efectos materiales apellidado Miller.

Su salud empeoró notablemente en los siguientes 10 años, su marcha era muy difícil, caminaba arrastrando los pies con sacrificio y dolor, lo que lo obligaba a usar muletas. A pesar de eso no perdía su deseo de trabajar, su cordialidad con todos y su habitual jovialidad. Desde 1908 acostumbró a pasar algunos meses en la costa azul del Mediterráneo, gracias a unos amigos que lo recibían en su casa de la ciudad de Niza, donde disfrutaba trabajando frente a una ventana que daba al mar.

Su último viaje fuera de París tuvo por destino un lugar cercano a Marsella; allí empeoró y tuvieron que transladarlo en silla de ruedas hasta el tren que lo llevaría de regreso a su hogar.

A pesar de esto siguió trabajando en su experimentación mediúmnica y en sus escritos, encontrando auxilio en sus espíritus guías, entre ellos Durand, también inspirador de León Denis en su obra espírita y a quien Gabriel Delanne acreditaba como colaborador en su labor sobre reencarnación.

Desde 1909 hasta 1911 se dedicó a trabajar en dos volúmenes que serían su obra maestra: “Las apariciones materializadas de los vivos y los muertos”.

En el primer volumen contestaba todas las objeciones relacionadas con la existencia del espíritu, presentando una documentación extraordinaria, basada en innumerables experiencias científicas; mientras en el segundo volumen comparaba lo acontecido durante la vida encarnada de los seres con lo que sucede cuando ya no tiene cuerpo físico, pero puede continuar aún manifestando su sobrevivencia, con mensajes post-mortem.

Los extensos trabajos de Delanne sobre reencarnación culminaron con dos obras aparecidas en 1924: la primera titulada “Documentos que sirven al estudio de la reencarnación”, con 50 casos demostrativos, y la segunda con el título de “Reencarnación”, una obra de alto valor histórico, doctrinario y científico.

En 1925 desencarnó su prima Mathilde y toleró el gran dolor con la fuerza que siempre lo había caracterizado. Delanne tenía entonces 68 años y enfermedad no le impedía trabajar, pero lo hacía con mucho esfuerzo. A pesar de eso, se desempeñó como Secretario del Congreso Espiritista Internacional celebrado en París en 1925, en el que León Denis fue Presidente y que reunió a estos dos destacados espíritas con Jean Meyer y Arthur Conan Doyle.

Comenzó entonces, la preparación de dos nuevas obras: “Oigamos a los muertos” y “Sobre ideoplastia”, en colaboración con dos amigos espíritas. El 12 de febrero de 1926 su estado de salud se agravó, se quejaba de sofocación, pero conservaba su plena conciencia. Dos días después, algo recuperado, recibió a un joven que pedía su orientación con relación a algunos fenómenos que hacían suponer una enfermedad mental en una prima suya. Delanne le explicó durante dos horas la mediumnidad de escritura que manifestaba la joven y luego, muy fatigado y con intensos dolores, se sentó a la mesa con su hija adoptiva y sus amigos, para disfrutar de la comida, pero no pudo hacerlo y estaba cada vez más pálido. Arrastrándose se dirigió a la otra habitación y después de unos minutos, se oyó un golpe y un gemido, porque sus piernas no lo sostuvieron y cayó. Lo llevaron a su poltrona y dijo: “Creo que es el fin, es una advertencia”. Su amigo Bourgeois trató de animarlo y entonces él respondió: “Recuerde, querido amigo, que Delanne no le teme a la muerte”.

Continuó empeorando y la hija llamó al médico, quien se esforzó por reanimarlo, pero inútilmente porque tres horas después finalizaba su vida encarnada en Autenil, en la Villa Montmorency, propiedad de Jean Meyer cedida para que pasara los últimos años. Era el 15 de febrero de 1926 y tenía 69 años.

Los funerales se llevaron a cabo en el cementerio Père Lachaise. Atendiendo a su deseo manifestado hacia tiempo, su cuerpo fue incinerado y las cenizas colocadas en el mausoleo de la familia, cercano a la tumba de Allan Kardec. Su amigo Henri Regnault dijo en su funeral que el mejor homenaje que se le podía brindar era seguir su ejemplo y difundir la doctrina espírita, la verdadera filosofía del futuro.

De su intensa actividad como propagador de la doctrina espírita nos ha quedado una importante obra escrita. Fue fiel discípulo de Allan Kardec, por quien conservó toda la vida una gran admiración. En 1907 decía: “El día que los sabios se decidan a estudiar científicamente los fenómenos psíquicos, tendrán algunas sorpresas, mostrándoles que sus futuros descubrimientos han sido previstos por esos espíritus de quienes ellos ignoran tan profundamente sus doctrinas”.

El tiempo le fue dando la razón, ya que diferentes corrientes de experimentadores científicos, han ido descubriendo fenómenos que no contradicen lo afirmado por los estudiosos espíritas.

Si Allan Kardec fijó los trazos esenciales, su discípulo comprendió claramente que debía asegurar una difusión cada vez más amplia, con el auxilio de los trabajos rigurosamente científicos, de tal forma que la unión entre el mundo espiritual y el físico fuera cada vez más estrecha.

Gabriel Delanne eliminó del Espiritismo las fórmulas dogmáticas y rígidas, apoyándolo en realidades experimentales estrictamente científicas; examinó cuidadosamente los hechos espíritas en cada una de sus modalidades, los analizó y llegó a conclusiones racionales de acuerdo a su formación positivista. Sin embargo, sus obras fueron escritas en un lenguaje sencillo y comprensible para la mayoría, buscó el término exacto y evitó la metáfora, por eso en lugar de ser áridas y frías, despiertan un interés cada vez mayor, por su estilo preciso y claro.

Sus propias palabras en su libro “El Alma es Inmortal” son el reflejo del pensador espírita apoyado en bases de experimentación científica:

“Si nuestros trabajos tienen por resultado determinar a algunos espíritus independientes a formar nuestras filas, no habremos perdido nuestro tiempo; más, cualquiera sea el resultado de nuestros esfuerzos, estamos seguros de que está próximo el tiempo en que la ciencia oficial, forzada en sus últimas trincheras se verá obligada a ocuparse del asunto que fue objeto de nuestras investigaciones. Ese día el Espiritismo aparecerá como lo que realmente es: LA CIENCIA DEL PORVENIR.”

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