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El Dinero de la Viuda

Muchas personas sienten no poder hacer tanto bien como desearían por falta de recursos y si desean la fortuna, es, según dicen, para hacer de ella un buen uso; la intención es laudable sin duda, y quizás muy sincera en algunas; ¿pero puede asegurarse que sea en todos completamente desinteresada? ¿No los hay que deseando hacer bien a los otros, estarían muy satisfechos empezando por hacérselo a sí mismos, darse algunos goces más, procurarse un poco lo superfluo que les falta, y dar el resto a los pobres? Esta segunda intención, que puede muy bien que ellos no manifiesten, pero que se encontraría en el fondo de su corazón si se buscase, anula el mérito de la intención porque la verdadera caridad se acuerda de los otros antes que de sí mismo. Lo sublime de la caridad, en este caso, es buscar por su propio trabajo, por el empleo de sus fuerzas, de su inteligencia y de su talento, los recursos que le faltan para realizar sus intenciones generosas; éste sería el sacrificio más agradable al Señor. Pero, desgraciadamente, la mayor parte más bien sueñan medios fáciles para enriquecerse de una vez y sin pena corriendo en pos de quimeras, como los descubrimientos de tesoros, una suerte aleatona y favorable, el recobro de herencias inesperadas, etc. ¿Qué diremos de aquellos que esperan encontrar entre los espíritus auxiliares para que les ayuden en las pesquisas de esa naturaleza? Seguramente que estos no conocen ni comprenden el objeto sagrado del Espiritismo y mucho menos la misión de los espíritus a quienes Dios permite comunicarse con los hombres; pero también son castigados con los desengaños. (Libro de los Mediuns, números 294 y 295.)

Aquellos cuya intención es pura de toda idea personal, deben consolarse de no poder hacer tanto bien como quisieran, con el pensamiento de que el óbolo del pobre que da lo que tiene privándose, pesa más en la balanza de Dios que el oro del rico, que da sin privarse de nada. Sin duda la satisfacción sería grande en poder socorrer largamente la indigencia; pero si no se tiene para dar, es preciso someterse y hacer aquello que se pueda. Además, ¿sólo con oro pueden enjugarse las lágrimas y será preciso que nos estemos inactivos porque no poseemos? El que quiere sinceramente hacerse útil a sus hermanos, encuentra mil ocasiones; que las busque y las encontrará sino de un modo de otro, porque no hay uno solo que teniendo el libre goce de sus facultades, no pueda hacer algún servicio, dar un consuelo, aliviar un sufrimiento físico o moral, o hacer una diligencia útil; a falta de dinero ¿acaso no tiene cada uno su trabajo, su tiempo, su reposo del que puede dar una parte? También es este el óbolo del pobre, el dinero de la viuda.

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RECONCILIATION WITH YOUR ADVERSARIES

In the act of pardon, as in general practice of good, there is not only a moral effect but also a material effect. As is already known, death does not liberate us from our enemies; vengeful Spirits in the afterlife frequently pursue with great hate all those for whom they bear rancor. From this we understand the falsity of the proverb: The poison dies with the beast, when it is applied to mankind.

The evil Spirit waits for the other whom he does not like to return to a physical body, where he or she is partially

Image Courtesy of Stuart Miles

Image Courtesy of Stuart Miles

captive, in order to more easily torment, hurt interests or harm affections. The cause of the majority of cases of obsession lies within this fact, especially those cases which present some gravity, such as subjugations and possession. The person who is either obsessed or possessed is almost always a victim of vengeance. The motive will be found in their past lives, in which the one who is suffering gave cause for this result. God allows this to happen in order to punish the evil which was originally committed or, if this is not the case, for the lack of indulgence and charity through the refusal to grant a pardon. Consequently, from the point of view of future tranquility, it is important that each person makes amends for all grievances which may have been caused to neighbors as soon as possible.

Before death reaches us, it is necessary that we pardon all our enemies, thereby eradicating all motives for dissension, as well as all causes for ulterior animosity. In this manner it is quite possible to make a friend in the next world out of an enemy in this world.

At least all those who proceed in this manner put themselves on the right side of the Law. God will not consent to anyone who has pardoned being made to suffer from vengeance.

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