Author Archives: Admin72

El Perdon de las Ofensas

¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano? Le perdonarás no siete veces, sino setenta veces siete veces. Aquí tenéis una máxima de Jesús que debe llamar vuestra atención, y hablar muy alto a vuestro corazón. Fijáos en esas palabras de misericordia de la oración tan sencilla, tan reasumida y tan grande en sus aspiraciones que Jesús da a sus discípulos, encontraréis siempre el mismo pensamiento. Jesús, el justo por excelencia, responde a Pedro: Tú perdonarás, pero sin límites; tú perdonarás siempre que ofensa te sea hecha; tú enseñarás a tus hermanos ese olvido de sí mismo que le hace invulnerable contra el ataque, los malos procederes y las injurias; tú serás benigno y humilde de corazón no midiendo nunca tu mansedumbre; tu harás, en fin, lo que desees que el Padre celeste haga por tí; ¿ no tiene El que perdonarte muy a menudo, y cuenta, acaso, el número de veces que su perdón desciende a borrar tus faltas?

Escuchad, pues, esa respuesta de Jesús y, como Pedro, aplicáosla; perdonad, sed indulgentes, caritativos, generosos y hasta pródigos de vuestro amor. Dad, porque el Señor os dará; perdonad, porque el Señor os perdonará; bajaos, porque el Señor os levantará; humilláos, porque el Señor os hará sentar a su derecha.

Id, amigos míos, estudiad y comentad estas palabras que os dirijo de parte de Aquél que desde lo alto de los esplendores celestes, tiene siempre la vista di rígida hacia vosotros, y continúa con amor la tarea in grata que empezó hace dieciocho siglos. Perdonad, pues, a vuestros hermanos, como tenéis necesidad de que os perdonen a vosotros mismos. Si sus actos os han perjudicado personalmente, mayor motivo tenéis para ser indulgentes, porque el mérito del perdón es proporcional a la gravedad del mal, y no habría ninguno en perdonar los daños de vuestros hermanos si sólo os hubiesen hecho pequeñas heridas.

Espiritistas, no olvidéis nunca que tanto en palabras como en acciones, el perdón de las injurias no debe ser una palabra vana. Si os llamáis espiritistas, sedlo pues; olvidad el mal que os han podido hacer y no penséis sino en una cosa: el bien que podáis hacer. El que ha entrado en este camino, no debe separarse de él ni con el pensamiento, porque sois responsables de vuestros pensamientos, que Dios conoce. Haced, pues, que estén despojados de todo sentimiento de rencor; Dios sabe lo que mora en el fondo del corazón de cada uno. Feliz, pues, aquel que todos los días puede dormirse, diciendo: “Nada tengo contra mi prójimo”. (Simeón, Bordeaux, 1862).

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The Soul After Death

  1. What proof can we have of the individuality of the soul after death?

“Is not this proof furnished by the communications which you obtain? If you were not blind, you would see; if you were not deaf you would hear; for you are often spoken to by a voice which reveals to you the existence of a being exterior to yourself.”

Those who think that the soul returns after death into the universal whole are in error if they imagine that It loses its Individuality, like a drop of water that falls Into the ocean they are right If they mean by the universal whole the totality of Incorporeal beings, of which each soul or spirit Is an element.

Image Courtesy of Evgeni Dinev at freedigitalphotos.net

Image Courtesy of Evgeni Dinev at freedigitalphotos.net

If souls were blended together into a mass, they would possess only the qualities common to the totality of the mass there would be nothing to distinguish them from one another, and they would have no special, intellectual, or moral qualities of their own. But the communications we obtain from spirits give abundant evidence of the possession by each spirit of the consciousness of the Me, and of a distinct will, personal to itself; the infinite diversity of characteristics of all kinds presented by them is at once the consequence and the evidence of their distinctive personal individuality. If, after death, there were nothing but what is called the “Great Whole,” absorbing all individualities, this whole would be uniform in its characteristics and, in that case, all the communications received from the invisible world would be identical. But as among the denizens of that other world we meet with some who are good and some who are bad, some who are learned and some who are ignorant, some who are happy and some who are unhappy, and as they present us with every shade of character, some being frivolous and other serious, etc., it is evident that they are different individualities, perfectly distinct from one another. This individuality becomes still more evident when they are able to prove their identity by unmistakable tokens, by personal details relating to their terrestrial life, and susceptible of being verified; and it cannot be a matter of doubt when they manifest themselves to our sight under the form of apparitions. The individuality of the soul has been taught theoretically as an article of faith; Spiritism renders it patent, as an evident, and, so to say, a material fact.

Taken from the Spirit’s book, Q.152. By Allan Kardec

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