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Allan Kardec. Un hombre y una Misión.

Por Luis Salazar

El pasado 3 de Octubre conmemoramos un año más del nacimiento del maestro lyonés, Allan Kardec.

Fue en 1804, a solo dos meses de la Coronación de Napoleón Bonaparte como Emperador francés, marcando el comienzo de una nueva era.  El mundo vivía momentos fascinantes.  La Revolución francesa motivaría luego movimientos independentistas. Cabe notar que el futuro Libertador de cinco países latinoamericanos, Simón Bolívar, estaba allí en Paris, asistiendo  al evento.

1804 fue un gran momento en la historia de la humanidad, y lo decimos porque ese año llegaba al mundo un hombre con una misión: Presentar el Consolador prometido a la humanidad.

Podría parecer arrogante y totalmente falto de humildad, sin embargo, al detenernos en el estudio de la Doctrina de los Espíritus, encontramos que en forma sumaria, se registra todo lo que hasta el momento resultaba un misterio para el hombre.

La oscuridad que representaba el mas allá, se llena de luz; las dificultades presentes encuentran explicación en la reencarnación; el dolor se desliga del sufrimiento al comprender lo efímera de la vida material; la muerte ya no significa la pérdida de seres queridos, pero el renacer a la verdadera vida; la Mediumnidad disciplinada y al servicio de un bien mayor libera las criaturas de relaciones espirituales agobiantes y perturbadoras; las enseñanzas morales contenidas en las parábolas de Jesús de Nazaret, son presentadas como bálsamo curador del espíritu; tanto consuelo contenido en simples paginas, donde un alma preparada desmenuza las complejidades de la vida…..y la muerte.

La obra de Allan Kardec es de orden divino, el tiempo lo ha comprobado y la multiplicación de sus adeptos  demuestra que la humanidad se acerca a una nueva era.

La Doctrina de los Espíritus ha llegado a los puntos más recónditos del planeta.  El Consejo Espirita Internacional, fundado en España en 1992, agrupa más de 33 países, en su esfuerzo por unificar y fortalecer el Movimiento Espirita mundial, miles de Federaciones regionales agrupan Centros dedicados a la divulgación del Espiritismo, mientras realizan actividades de asistencia social y espiritual. La Doctrina de los Espíritus, con su triple aspecto: Científico, Filosófico y Moral, brinda consuelo y esperanza a los corazones afligidos, y respuestas a las mentes que buscan explicaciones.  La espiritualidad avanza, y los espíritus se manifiestan por doquier, porque no se trata de ser la religión del mundo, se trata de vivir todos como hermanos bajo las leyes divinas del Creador.

Así como en tiempos de Napoleón, hoy vivimos momentos muy intensos para la humanidad.  El Planeta reclama un tratamiento más justo de sus recursos, la ciencia y la tecnología avanzan en la creación de productos de consumo que hacen la vida más fácil.  Pero aun arrastramos hábitos nocivos, como la guerra, el fanatismo religioso, el egoísmo, que mantienen marcadas diferencias entre la población referente al acceso a alimentos de buena calidad, a servicios públicos y sanitarios, educación básica y profesional, oportunidades de desarrollo socio-económico.  Todos estos factores reflejan la condición espiritual del colectivo que habita la Tierra.  En la medida que ocurra la concientización de nuestra responsabilidad con el prójimo, con la Creación, con nosotros mismos, asimismo lograremos una vida colectiva libre de dolores y reparaciones, haremos de nuestro mundo el paraíso que nos fue ofrecido en las Escrituras.  No será mas un sueño o fantasía, si lo hacemos realidad.

Feliz Cumpleaños Maestro Allan Kardec

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Desequilibrio

Não há nenhuma árvore que o vento não tenha sacudido.
Provérbio hindu 

 

Pense no quanto você aprendeu com algum desequilíbrio que tenha vivido…


Temos por hábito acreditar que os desequilíbrios nos conduzem a um fracasso iminente, impedindo-nos de concretizar um sonho acalentado há muito tempo. 

 

Se reflertirmos um pouco, veremos que a fome é um sinal de desequilíbrio, é a manifestação do organismo dizendo-nos que é preciso ingerir alimentos para suprir a carência que se estabeleceu.

 

A sensação de frio é a manifestação do corpo em desequilíbrio, dizendo-nos que o calor que ele é capaz de gerar, é insuficiente para manter-nos aquecidos.

 

A sede indica-nos que há um desequilíbrio, pois o líquido existente no corpo não é o bastante, naquele instante, para o pleno funcionamento dos nossos órgãos.

 

E o que dizer do andar? Equilibramo-nos sobre as duas pernas, mas a locomoção só ocorre através do desequilíbrio, onde um membro sucede automaticamente outro.

 

Vemos, assim, que a vida se manifesta numa sucessão de instantes de desequilíbrios, que possuem a finalidade de conduzir-nos a um novo equilíbrio.

 

Por que, então, fazermos do aparente insucesso um fracasso definitivo? Por que transformarmos uma iniciativa que não deu certo, em falta de ânimo para prosseguir tentando?  Haverá alguém que nunca tenha errado em algum empreendimento, no juízo sobre uma pessoa ou numa impressão sobre um fato qualquer?

 

A história registra a saga de alguns grandes vencedores, que inicialmente experimentaram derrotas, mas que buscando suas forças interiores, tornaram-se ainda mais capazes, superando as próprias limitações.

 

Se nos pântanos e entre as pedras nascem flores, podemos nos meios das crises e do caos assimilarmos preciosas lições, mudando o foco dos nossos planos e ações, assumindo uma nova postura.

 

Tudo na vida contribui para a nossa evolução.

 

Muitas vezes os problemas não são tão grandes e complexos quanto parecem, mas a forma como estamos encarando-os pode não ser a mais correta.  O nosso olhar é que precisa ser modificado.

 

Mudar a maneira de enxergar as coisas implica também em desiquilibrar-se, ir ao encontro de novos modelos, valores que nos permitam construir um jeito próprio de resolver os problemas, preservando-nos e respeitando o jeito de ser de cada um.

Os desequilíbrios podem também ser encarados como mediadores de uma nova situação.

Cada um de nós é convidado na sucessão dos desequilíbrios diários e naturais, a alcançar maior dose de equilíbrio interior, avançando sem cessar na conquista da própria iluminação.

Por isso, iluminemo-nos a cada desequilíbrio.

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