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Aprendendo com o silêncio

                                                                         Cezar Braga Said

O amor, devidamente compreendido, é a energia que nos
diviniza, é o traço que nos liga ao Criador, impulsionando-nos a espalhar
a Sua vontade pelo universo.

 

Camilo
Educação e vivências, psicografia de
José Raul Teixeira, ed. Fráter

 

Há exatos dois anos sua voz não mais se fez ouvir nos auditórios do Brasil e do mundo, em razão do acidente vascular cerebral que o vitimou. Mas, os livros psicografados, as histórias a seu respeito, as palestras e seminários gravados são ouvidos e estudados por toda parte.

Preces dos mais diversos lugares do globo se elevam em sua intenção de todos aqueles que, um dia, receberam os benefícios das suas palavras, um abraço festivo, um beijo na face, um sorriso de alegria.

Notícias chegam daqui e dali informando que é visto trabalhando ativamente no plano espiritual durante o sono, que segue fazendo palestras, conversando, aconselhando, ensinando e aprendendo, quando seu corpo se encontra adormecido.

Alguns amigos promovem encontros em benefício do Centro Espírita e da obra social que criou, junto com colaboradores anônimos, outros o convidam para participar de eventos onde autografa suas obras e é homenageado, com palmas demoradas e reconhecidas ao seu intenso e fecundo labor.

Amável e gentil, mesmo não podendo ainda movimentar plenamente o braço direito, estende a mão esquerda na direção de quem o busca e também conversa cada vez melhor, menos hesitante e com frases mais longas.

Continua em sua maratona de tratamentos, empenhando-se ao máximo para obter a melhora possível a alguém com as limitações temporárias que possui. Passo a passo, num exercício de paciência e recolhimento, sem perder a alegria que sempre o caracterizou, não recusa o desafio diário que a vida lhe trouxe, dando lições de otimismo e aceitação construtiva.

Afirma, sem nenhum receio, que se encontra num resgate, pois se vê uma alma endividada com as Leis Divinas. Não se vitima a fim de inspirar a comiseração alheia, nem lamenta o golpe recebido, ao contrário, coloca-se à disposição de Jesus para que Ele utilize suas faculdades como lhe aprouver e o guie pelos caminhos que desejar.

Segue médium, fazendo os registros e mantendo as percepções que sempre teve, anotando, com frequência, a presença do Espírito Camilo e de sua mãe, Dona Benedita.

Nos instantes em que nos encontramos, quando a visitação é possível, enlaça-nos no carinho da amizade forjada no ouro da ternura, da afabilidade e da doçura, vibrando com nossas pequenas conquistas e dando-nos da água viva dos seus exemplos cristãos, nesta hora de grandes testemunhos.

Não está exemplificando agora, pois sua vida e sua lida como cidadão, onde quer que estivesse, sempre foi correta e pautada nos ensinamentos de Jesus e Kardec, referências que adotou desde os albores da sua juventude. O que agora se dá são outras formas de testemunho e de aprendizado, para ele e para nós, que admiramos seu jeito de ser e de se entregar com fidelidade aos compromissos abraçados.

Seu silêncio é deveras eloquente para os que tenhamos ouvidos de ouvir, pois, assim como sua vida, ele é pautado num sentido de humanidade, nunca se colocando acima ou abaixo de ninguém, sempre recusando qualquer santificação ou idolatria, reconhecendo suas imperfeições, rindo e chorando como qualquer um de nós e nisso ele se torna grande, um gigante do bem, ensinando que é possível, mesmo com um passado obscuro, caminharmos para a luz, sermos luz.

Que o silêncio fecundo e repleto de ensinamentos que Raul Teixeira segue dando, nos remeta a Jesus, o Mestre incomparável que ele sempre divulgou, procurando compreender e viver, sem deixar de nos ajudar também a entender e a internalizar, pois nunca desejou crescer sozinho, mas em comunhão com seus irmãos, que somos todos nós.

 

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Gritos Nocturnos

¿Podrían algunas pesadillas ser traumas de vidas pasadas?

Admir Serrano

Vivía con mis padres y un hermano menor en una pequeña finca rodeado de verdes cafetales y campos de caña de azúcar.  En la noche dormiamos al sonido de una sinfonía de grillos y otras criaturas, que como nosotros, pobres campesinos, hacían de aquella tierra fértil, su hogar. Aquellas criaturas nocturnas descansaban en silencio durante todo el día, mientras nuestros padres trabajaban en los campos desde el alba hasta el crepúsculo para ganarse el escaso salario que llevaba la comida a la mesa. Cuando el sol se ocultaba y la noche llamaba al descanso de los cuerpos cansados de los obreros, salían los grillos y un sinnúmero de criaturas a cantarnos una nana. Era apenas un niño de unos cinco o seis años y podía dormir como una piedra.

¡Pero no todas las noches! Muchas… y digo muchas, fueron las noches en que mis padres y yo fuimos despertados por los aterradores gritos de mi hermano pequeño. El tenía tres años menos que yo y ambos compartiamos un cuarto. En cuestión de segundos, mi madre lo cargaba en su regazo, intentando apaciguarlo. Pero aún con los cuidados ella, él continuaba gritando. No solo gritaba, también se revolcaba y se rasgaba como si estuviese poseido por alguna fuerza maligna. Su cara dejaba ver una expression de terror. Parecía tener una pesadilla de la que no lograba despertar. Era doloroso tan solo presenciar aquello.

Hace no mucho, le pregunté si recordaba aquellas noches y los sueños que lo habían aterrorizado tanto. El afirmo que en efecto recordaba, corrigiendo que no eran varios, sino un solo sueño. Era siempre el mismo: Dos ruedas gigantes, como las de un vehiculo gigante que venía en su dirección. Y cuando las ruedas se estrallaban contra él, comenzaban los gritos.

Este tipo de sueño se denomina terror nocturno, es casi siempre recurrente, es decir siempre es igual, caracterizado por sueños desesperados, un semblante aterrador y dificultad para despertar; tal como habíamos presenciado antes. Generalmente el terror nocturno ocurre en la niñez y disminuye o desaparece en la adolescencia. La psicología covenncional atribuye las causas del terror nocturno a eventos estresantes o traumáticos que hayan ocurrido en la vida del paciente, falta de sueño o alguna medicina que afecte el sistema nervioso central.

En el caso de mi hermano, sin embargo, no cabía ninguna de esas causas. Como niños nacidos y criados en aquel paraiso campestre, nuestra vida estaba lejos del estrés, ni siquiera conociamos el concepto de estrés. Y durante aquellos episodios, él no estaba enfermo, por lo que nunca tomó medicina alguna que afectara su sistema nervioso central. Al principio de la decada de los sesenta, el acceso a la medicina, era para nosotros pobres campesinos, todo un lujo imposible de alcanzar. Nuestros remedios consistían en hierbas, infusiones y la cura a través de la fe.

¿ Podría ser entonces que mi hermano estaba reviviendo algún trauma de una vida pasada, recordando un momento de una muerte traumatica en una existencia prevía?

En mi libro, Morir no es el fin, escrito en portugués y aún no traducido al castellano, cito el caso de Cemil Fahrici, nacido en Turquía. Tan pronto como el pequeño Cemil comenzó a aumentar su vocabulario, comenzó a hablar de una vida previa como Cemil Hayik, un primo lejano de su padre actual.

Cemil Hayik había sido arrestado por matar a dos hombres que habían violado a su hermana. El logro escapar de prisión y huyó hacia el campo. Dos años después fue hallado en la casa donde se escondía. La policía lo rodeó, pidiedo que se rindiera. El hizo caso omiso y la policía prendió fuego a la casa.  Cemil no quería volver a prisión. Cuando la policía se acercaba para arrestarlo, él puso la boca de su rifle en su mentón y haló el gatillo. La bala salió a través de la parte de atrás de su cabeza, del lado izquierdo.

No solo Cemil Fahrici tenía recuerdos de su vida como Cemil Hayik, sino que también traía sus cicatrices—bajo el mentón y la parte de atrás de la cabeza del lado izquierdo. Pero todavía había más: ¡Al nacer la herida bajo su mentón sangraba! Hasta los siete años de edad Cemil tenía recuerdos vívidos de su vida pasada como Cemil Hayik—en pleno día. Durante las noches tenía pesadillas, reviviendo el momento en que su casa fue rodeada, luego prendida en fuego, culminando con su suicidio. Cemil Fahrici detestaba la sangre y odiaba a los agentes policiales.

Hay otra curiosidad: Al nacer sus padres lo llamaron Dahham Fahrici. Al crecer y reconocer que era a él a quien se referían con aquel nombre, él se rehusaba a responder, aduciendo que su nombre era Cemil. Tan persistente era su voluntad de no responder a su nombre, que sus padres se vieron obligados a cambiarle el nombre por Cemil.

La facultad de Medicina de la Universidad de Virginia tiene una unidad en el Departamento de Psiquiatría denominada División de Estudios Perceptuales, dedicada al estudio de fenómenos paranormales, entre ellos, la reencarnación. El difunto Dr. Ian Stevenson fue el mayor investigador en el tema de la reencarnación en todo el mundo por más de cuatro décadas. Estudió alrededor de tres mil casos de niños que aseguraban recordar vidas pasadas; incluyendo por lo menos cuarenta y nueve casos de terrores nocturnos asociados a traumas de vidas pasadas. Cemil Fahrici fue uno de estos casos.

La Doctora Antonia Mills, antropóloga e investigadora del tema de la reencarnación de la Universidad de British Columbia en Canada, investigó los casos de terror nocturno de tres niños estadounidenses. Ella buscaba saber si alguno de estos casos podria ser explicado por las causas que le atribuía la psicología convencional—Eventos estresantes, medicamentos, falta de sueño y cosas parecidas. Uno de los casos más dramáticos fue el de un niño de Little Rock, Arkansas, al que llamaron con el pseudónimo de Gerald Jardin. Al igual que mi hermano, Gerald despertaba a su familia con gritos de terror. Sus pesadillas comenzaron antes de cumplir el primer año de edad. Desde los dos años hasta los ocho tuvo la misma pesadilla recurrente por lo menos una vez por semana, entre la medianoche y las dos de la mañana. Al cumplir los ocho, bٙajó la frecuencia con que tenía sus pesadillas, hasta que finalmente desaparecieron para siempre al cumplir los diez años. Gerlad se despertaba con sus propios gritos. Una noche, su madre tratando de tranquilizarlo le dijo: “¡Todo está bien, Mamá está aquí!” a lo que él respondió gritando “¡Tú no eres mi madre!”

Cuando Gerald tenía apenas cuatro años, acompañó a su familia en un viaje a Gettysburg, Pennsylvania, un famoso campo de batalla durante la guerra civil. En los tres primeros días del mes de julio de 1863, soldados confederados y unionistas se enfrentaron en la sangrienta batalla de Gettysburg, que dejó a miles de soldados muertos, desaparecidos y heridos, en ambos bandos. En cierto parte del recorrido por el campo de batalla, Gerald se separó de sus padres. Poco después volvió corriendo y apuntó a un lugar donde las tropas confederadas se habían agrupado—“¡Aquí es donde morí!” dijo indiferente. Sus padres lo interrogaron sobre lo que quería decir, pero Gerald no respondió y siguió con sus cosas.

Como en el caso de mi hermano, los terrores nocturnos de Gerald no se pueden explicar convencionalmente. Los casos de miedo intenso y fobias cuyas causas tampoco responden a una explicación convencional abundan en la literature.

Me viene a la mente una vez en que perdí algún objeto, al que me esforcé en encontrar en vano. Me quejé de ello con un tío que nos visitaba. El me contestó en tono de burla—“Claro que no puedes encontrarlo. Estás buscándolo en los lugares en que no está, Si buscases en el lugar en el que está, de seguro lo encontrarías.”

Era una broma, pero hay sabiduría en sus palabras. Sabiduría que bien podría ser aplicada a la cantidad de casos de terrores nocturnos y fobias que los psicólogos convencionales no consiguen explicar con causas de la vida presente del paciente. No pueden encontrar causas en la vida presente por que no es allí que se encuentran. Hay que buscarlas donde están—en otros tiempos y en otras vidas—allí de seguro las encontrarán.

 

Admir Serrano es escritor, investigador y conferencista de fenómenos paranormales como experiencias extracorporales, experiencias de muerte cercana, visiones de agonizantes, reencarnación, vida después de la muerte y mediunidad. Es espiritista y autor de tres libros de temas relacionados en su lengua materna, el portugués. Vive en Miami, Florida y frequentemente hace conferencias en inglés, portugués y castellano. Su primer libro en inglés The End of Death (El fin de la muerte) será lanzado al mercado en diciembre.

Website: www.admirserrano.com

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