Monthly Archives: January 2014

León Denis

1846 – 1927

La pluma de oro del Espiritismo.

 

denisEn el nordeste de Francia, situada junto a la frontera con Alemania, se encuentra una antigua provincia que lleva por nombre La Lorena. Es ésta una zona de mesetas, que sufre inviernos fríos y veranos tórridos y fue testigo de una dilatada historia de ducados, reinos, luchas, disputas, conquistas y usurpaciones.

En este escenario, Juana de Arco comenzó a oir las voces que la inspiraron a combatir contra las fuerzas invasoras. Lucha que finalmente la condujo a la hoguera, y más tarde a los altares. Lugares cargados de la historia de la antigua Galia… La zona surcada por el río Mosela y sus afluentes, disfruta de bosques y bellos paisajes, lo que motivó a alguien a llamar a esta región “la sonrisa de La Lorena”. Hacia el oeste y cercana a la conocida ciudad de Nancy, se encuentra Toul, población ubicada a orillas del río, que cuenta con una pequeña localidad de nombre Foug.

En los albores del siglo XIX, Francisco Louville, se trasladó, con su familia para instalarse en ese lugar. Con su esposa y sus dos hijas, dejó atrás una vida campesina, buscando mejor suerte como oficial especializado en cielo-rasos. En la ciudad, las niñas Ana Lucía y Emelia pudieron recibir una educación más esmerada y la familia comenzó a prosperar.

En Foug vivía la familia Denis. Francisco, su esposa y dos hijos llamados José y Luis, quienes, trabajaban con su padre, como maestros de obras. Ambas familias trabaron conocimiento y amistad; el joven José se enamoró de Ana Lucía, la menor de las muchachas, y se casaron el 3 de abril de 1845.

Era un momento difícil para comenzar una familia, la situación económica era crítica y la construcción estaba muy deprimida. José era decidido y valeroso, pero no demostraba mucha perseverancia en el trabajo y sus modales toscos y rudos no despertaban confianza.

Intentó, sin éxito, buscar clientela fuera de la ciudad, mientras Ana Lucía, joven de carácter dulce, reservado y tranquilo, se dedicó a su hogar. A los 9 meses de celebrada la boda, el 1 de enero de 1846, la pareja recibió con gran felicidad el nacimiento de un niño, al que le pusieron por nombre León. Desde entonces, la madre se dedicó a él; y su hijo recordaría toda la vida la abnegación, ternura, vigilancia y educación que recibió de ella.

La primera infancia de Léon transcurrió en una vivienda modesta con un entorno silvestre. Muy cerca había un pequeño arroyo, que desaguaba en un estanque donde frecuentemente concurrían bandadas de patos y la diversión del niño era escaparse de la vigilancia materna para disfrutar chapoteando con las aves. Pero su gran felicidad era recibir la visita de su abuelo Francisco, ex-soldado de Napoleón, ir con él a pasear a los bosques y oir sus historias fascinantes. Esta vida al aire libre era probablemente, su única alegría, ya que la pobreza de la familia no permitía mucho más.

La empresa de José Denis no marchaba bien y fue necesario cerrarla. Consiguió entonces un trabajo en la cercana ciudad de Estrasburgo, donde ingresó como empleado en la Casa de la Moneda. Momentáneamente habían obtenido un medio de vida, pero la situación continuaba difícil y no perdían la esperanza de encontrar una mejor oportunidad.

León tenía ya 9 años y sólo había recibido la educación impartida por su madre. Leía y contaba, pero Ana Lucía estaba muy preocupada porque no era posible su asistencia a una escuela formal. En Estrasburgo, encontró a un maestro, el Sr. Haas, pero León disfrutó esta enseñanza por muy poco tiempo, porque su padre fue trasladado a la Casa de la Moneda de Burdeos. La situación económica era crítica. José trabajaba desoxidando y limpiando el metal y recibía la paga dependiendo de la cantidad procesada; por esta causa, León se encontró obligado a abandonar sus estudios para ayudar a su padre en ese trabajo inapropiado para un niño.

En 1857, la Casa de la Moneda terminó la refundición de las piezas de metal y José se quedó sin esa ocupación; pero consiguió ser admitido como empleado vendedor de boletos en la empresa de ferrocarriles en la misma estación de Burdeos. Al poco tiempo, lo transladaron a la estación de Morcenx, y mejoraron sus condiciones de vida, pues tenían una casa mejor en un lugar muy solitario sólo perturbado por el paso de los trenes; donde León pudo seguir estudiando y su madre se sintió más tranquila.

Encontró un maestro identificado con las teorías de Rousseau, que intentaba llevarlas a la práctica. Le enseñaba afectuosamente durante largos paseos al aire libre, poniéndolo en contacto con la Naturaleza y mostrándole en forma directa todas las cosas. Esto duró poco tiempo porque el padre de León fue trasladado nuevamente, esta vez a la estación de Moux, y fue necesaria otra adaptación.

El trabajo de José era mucho más intenso, debido a la mayor importancia de esa línea, pero él no tenía la suficiente entereza y no cumplía sus tareas con eficiencia. León lo apoyó y en más de una ocasión lo suplantó para evitar su destitución; pero, José no toleraba su situación y renunció en 1862. Afortunadamente, obtuvo un puesto de capataz de obras en la construcción de una nueva línea de ferrocarril y la familia Denis se radicó definitivamente en Tours. Pero de todas formas, su salario no era suficiente y León, un adolescente de 16 años, tuvo que emplearse en una fábrica de loza para ayudar en el ingreso familiar, con la única opción de asistir a algunas clases nocturnas.

Desde hacía algún tiempo había mostrado una gran afición a la geografía. Le apasionaba la idea de recorrer países lejanos, conocer sus pueblos y sus costumbres, pero como no podía adquirir libros, atlas y otros materiales, se había adiestrado en la copia de mapas y planos, llegando a dibujarlos con gran precisión y perfección; trabajo de cartografía que le fue útil para aumentar en algo los ingresos de la familia.

Con gran esfuerzo, adquirió los conocimientos necesarios para obtener un empleo en tareas de oficina en una empresa de cueros. Poco a poco, se encontró con la responsabilidad de mantener a sus padres, ya que la pensión mínima de los ferrocarriles y los trabajos irregulares de su progenitor no eran suficientes.

Su inteligencia, sus méritos, su responsabilidad y su dedicación le permitieron desempeñar labores cada vez más importantes, mientras estudiaba durante las noches, quitándole horas al reposo. Se interesaba por todo; pero la geografía, la historia y las ciencias naturales lo fascinaban. Se convirtió en insaciable autodidacta y su inquietud por saber lo llevaba a hacerse miles de preguntas, mientras buscaba incansablemente las respuestas sobre la vida, la muerte y el universo.

Era un hábito para él, recorrer librerías y un día encontró un libro que suscitó su curiosidad: “El Libro de los Espíritus” de Allan Kardec; lo compró y lo leyó con interés. Más tarde diría que sintió que se despejaban sus dudas. Su convicción fue inmediata y comprendió que había encontrado la solución clara y lógica para explicar el sentido del universo. Tenía entonces, 18 años y era una preocupación para su madre lo que ella consideraba una rebeldía de su hijo. Por eso vigilaba sus lecturas, tratando de que no se apartara de las ideas aceptadas como ortodoxas en esa época. León leyó ese libro a escondidas, pero pronto advirtió que su madre también lo hacía, cuando él estaba ausente.

En el año 1864, estaban de moda en Francia las llamadas “mesas parlantes” que habían comenzado con los fenómenos que se propagaron por Estados Unidos diez años antes, llegando incluso a inquietar a las autoridades, quienes encargaron a un grupo de notables una exhaustiva investigación.

Las veladas familiares o de amigos acostumbraban finalizar con reuniones alrededor de una mesa para obtener esos fenómenos. En Tours, una de las primeras ciudades donde comenzaron estas prácticas, se habían formado grupos en los que participaban personas llamadas médiums, quienes tenían sensibilidad para recibir mensajes inteligentes y lo hacían sin mayores conocimientos ni preparación.

Algunos grupos, como el dirigido por el Sr. Chauvet, hacía ya tiempo que actuaban y habían logrado experiencia en los trabajos. León hubiera querido participar, pero su juventud y el poco tiempo que le dejaban sus ocupaciones no se lo permitieron. Decidió entonces experimentar por su cuenta, y lo hizo acompañado de algunos jóvenes amigos, buscando una confirmación de la doctrina espírita; pero sus resultados no fueron satisfactorios y más tarde, se daría cuenta de los peligros a los que se habían expuesto.

En 1867, ocurrió algo importante para León. Allan Kardec visitó Tours invitado por unos amigos para que dictara una conferencia sobre la obsesión. Se alquiló una sala para un público de 300 personas, pero a último momento, la Prefectura no dió la autorización y León Denis, que había llegado temprano al lugar, fue encomendado para que informara a los asistentes y les indicara la dirección del lugar donde se realizaría la reunión. Luego, asistió él también y quedó sensiblemente impresionado por la personalidad y la elocuencia de Allan Kardec.

Al día siguiente volvió al lugar, lo encontró acompañado de su esposa Amelie, recogiendo cerezas y recordaría siempre el afecto y la calidez con que lo recibió. En los años siguientes, León tuvo dos oportunidades de encontrar nuevamente al maestro, cuando concurrió a Tours a dictar conferencias.

Después de esa visita memorable para León, se creó un grupo mediúmnico en una casa de la calle El Cisne y él fue el secretario, aunque los resultados tampoco fueron exitosos.

Estas actividades quedaron interrumpidas por la conmoción de la guerra provocada por la invasión alemana de 1870. Denis se alistó en el ejército, lo nombraron sargento y rápidamente llegó a subteniente, demostrando gran habilidad. Mientras tanto no abandonaba sus estudios y lecturas; hizo muchas amistades entre las que había algunos jóvenes que demostraban sensibilidad psíquica y mediúmnica con los que tuvo algunas experiencias.

Firmadas las negociaciones de paz, León se reintegró a su trabajo en la empresa de cueros e ingresó a la Logia masónica de los Demófilos donde se destacó presentando conferencias sobre temas que interesaban mucho en aquellos días, sobre todo con relación a la Libertad y el Patriotismo.

Al mismo tiempo, continuó la actividad con el grupo mediúmnico que sesionaba en la casa del Dr. Aguzoly, quien actuaba como médium vidente. El mundo espiritual, mientras tanto, hacía su trabajo. Poco a poco, León desarrollaba la mediumnidad escribiente y comenzaba a tener manifestaciones de videncia. Llegaron a su conciencia conocimientos de vidas pasadas en tiempos antiguos y medievales; como jefe de una tribu franca, como hijo de un vikingo célebre, como guerrero… Y encontró concordancia con algunos recuerdos del Dr. Aguzoly, descubriendo así que se habían conocido en experiencias anteriores.

En estas sesiones se expresaron entidades espirituales que se convirtieron en sus guías: “Sorella” deseaba apoyarlo en sus estudios y “Durand” le brindó sus consejos morales. Más tarde, en el transcurso de los trabajos, se manifestó Jerónimo de Praga, apóstol checo quemado por el Concilio de Constanza en 1416, quien se convertiría en su guía espiritual, acompañándolo durante 50 años.

Estas sesiones siguieron semanalmente hasta 1877 y durante esa época, obtuvo una gran satisfacción espiritual. Estudió, se preparó y con gran dedicación adquirió destreza en la oratoria, logrando un estilo suave, sencillo y atractivo, mientras hacía también, nuevas presentaciones en la Logia de los Demófilos con los temas “Materialismo”, “Evolucionismo”, “Dios”, “Alma” y “Vida”.

En 1876, la empresa en la que trabajaba le encargó actividades comerciales fuera de la ciudad y viajó por Franci,a, Córcega, Italia, Suiza, Argelia y Túnez, cumpliéndose sus sueños de la época en que dibujaba mapas y viajaba con la imaginación. Le envió a sus padres cartas emocionadas describiendo todo lo que veía, paisajes y seres con diferentes culturas y costumbres.

En 1878 se luchaba en Francia por la enseñanza obligatoria, gratuita y laica; con este objetivo se creó el Círculo de la Liga de la Enseñanza y León Denis fue designado como secretario. Sus discursos fueron ampliamente elogiados por la prensa y su elocuencia logró muchos seguidores, al mismo tiempo que era conocido en toda Francia.

Comenzó sus primeras publicaciones en 1880, relatando sus recuerdos de viajes en cuentos y novelas cortas que lograron importante aceptación.

A los 35 años no tenía una buena salud, sufría decaimiento, anemia y malestares gastrointestinales que no le permitían trabajar con la intensidad que él deseaba.

En los últimos meses había tenido planes de matrimonio, pero confesaría más tarde que su mala salud, la carga que representaban sus padres y el convencimiento de que la obra que se había propuesto le impediría una vida familiar responsable, lo hizo desistir.

Inició su labor de divulgador espírita en 1882 y participó activamente en las diligencias para registrar la Sociedad de Estudios Espíritas, con la aprobación de Amelie Boudet viuda de Rivail, ya muy anciana. Durante 10 años se había preparado como orador y escritor; y como acostumbraba escribir todos sus discursos, algunos de ellos aparecieron en la Revista Espírita con los títulos: “Giovanna”, “El Progreso”, “El Porqué de la Vida” y “El médico de Catania”.

En 1889, las principales escuela de la época: kardecistas, rosacruces, teósofos, cabalistas y swedenborgianos, se reunieron en el Primer Congreso Espiritualista Internacional. León Denis pronunció en esa ocasión, un discurso exponiendo y defendiendo los principios de la tesis kardeciana, que fue recibido con gran atención y despertaron el aplauso entusiasta de los presentes.

Desde entonces se multiplicaron las giras dictando conferencias espíritas, con algunos temas que llegaron a ser famosos, durante 20 años de labor muy intensa.

Presidió el Primer Congreso Espiritista Internacional realizado en París en 1900 y durante el Segundo Congreso Espiritista Internacional celebrado en Lieja en 1905, ya era llamado Apostol del Espiritismo.

Escribió 5 libros, con una extraordinaria profundidad filosófica y una admirable prosa poética. El primero de ellos, “Después de la muerte “, con el subtítulo “Exposición de la Filosofía de los Espíritus, sus bases científicas y experimentales y sus consecuencias morales”, apareció al final de 1890, recibiendo críticas muy elogiosas. En él hizo un recuento histórico de las interpretaciones y conceptos que cada cultura, religión o filosofía ha tenido con relación al misterio más insondable en la vida humana: la muerte; para luego exponer en forma clara y hermosa la interpretación racional y científica que el Espiritismo brinda.

En el diario “Journal”, el cronista parisiense Alexandre Hepp escribió con motivo de su primera edición: “Hay un hombre que ha escrito el libro más hermoso, el más noble, el más precioso que yo jamás haya leído. Se llama León Denis, y su obra “Después de la muerte”. Leedlo y experimentaréis bruscamente una gran lástima, pero libertadora y fecunda, por todas nuestras manifestaciones de duelo, por nuestro temor a la muerte, y por el dolor que nos inspiran aquellos que creemos haber perdido para siempre”.

En 1898 se publicó su libro “Cristianismo y Espiritismo “, donde reconstruyó los hechos de la historia cristiana, la doctrina desde su origen y los cambios a través de los siglos, con el agregado de elementos dogmáticos y significados ocultos. Examinó las narraciones de los Evangelios, encontrando en ellas las verdaderas creencias del pueblo judío, así como también, el gérmen de las nociones espíritas que más tarde serían dadas a conocer por el mundo espiritual y codificadas por Allan Kardec. Las controversias fueron intensas y el rechazo de católicos y protestantes, implacable.

Su tercer libro llevó por título “En lo invisible” y apareció en 1903, el mismo año en que desencarnaba su madre, pérdida que le causó mucho dolor.

Esta obra tiene un gran valor porque es el resultado de su experiencia de muchos años en el trabajo mediúmnico. Allí compendió los conocimientos teóricos sobre el fenómeno psíquico y la mediumnidad, explicó las condiciones adecuadas y necesarias para el ejercicio práctico, y enfatizó el valor ético imprescindible que debe guiarlo.

Su invitación a trabajar para lograr el progreso espiritual queda sintetizado así:

“Debe todo adepto saber que la regla por excelencia de las relaciones con lo invisible es la ley de las afinidades y atracciones. En este campo, el que busca lo inferior le encuentra, y se rebaja con él. En cambio, quien aspira a los espíritus elevados, a la corta o a la larga les alcanza y los torna en un nuevo medio de ascensión para él. Si queréis manifestaciones elevadas, esforzáos por elevaros vosotros mismos. En cuanto tiene de hermoso y grande, la experimentación, la comunión con el mundo superior, no la consigue el más sabio sino el más digno, el mejor, aquel que posee mayor suma de paciencia, conciencia y moralidad”.

Después del Congreso Espiritista Internacional efectuado en Lieja en 1905, preparó su nuevo libro “El problema del ser y del destino”, para muchos su obra principal y más importante. Planteó ampliamente la oposición entre materialismo y espiritualismo; y puede considerarse con justicia que representa el resumen de su pensamiento filosófico y ético, con relación al gran enigma de la humanidad: su origen, naturaleza y destino.

Inmediatamente después de la aparición de esta obra estalló un escándalo con un médium de origen francés, apellidado Miller, residente en San Francisco, California, ampliamente conocido como poseedor de sensibilidad mediúmnica productora de hermosos fenómenos; pero también de habilidades de ilusionista y prestidigitador, con pocos escrúpulos para utilizar estas artes, si lo consideraba necesario. Se prestó a sesiones con retribución económica y naturalmente esto se convirtió en un elemento de descrédito, que muchos intentaron atribuirle al Espiritismo. León Denis conocía las facultades del médium y en un principio lo defendió, pero al conocer su verdadera actitud, tuvo el valor de denunciarla como reprobable, a pesar de las consecuencias que pudieran suscitar.

Desde 1877 se interesó en Juana de Arco y dictó conferencias sobre ese tema. Más tarde, en 1896 dió a conocer su tesis con relación a la misión de la Doncella de Orleans en cinco importantes trabajos: “Juana de Arco, su vida, proceso y muerte”,”Juana de Arco, sus voces”, “Juana de Arco y el Espiritualismo Moderno”, “Juana de Arco en Turena” y “El papel de la mediumnidad en la historia”.

Con todo este material de investigación y estudio histórico, concibió su obra “La verdad sobre Juana de Arco”, que al reeditarse se llamaría “Juana de Arco, médium”, basada en los relatos históricos, en los testimonios de los dos procesos, tanto el de condena, que la llevó al suplicio, como el de rehabilitación, que intentó ocultar a los responsables; agregándole además, las comunicaciones mediúmnicas recibidas por él durante años.

Frente a la posición materialista que la juzgó histérica y a la católica que la consagró como santa, León Denis presentó su tesis mostrándola como una médium con alto grado de sensibilidad, guiada en su misión, por las entidades espirituales. No sorprendieron las controversias y los ataques de ambas posiciones, que desaprobaron la versión de Denis. Incluso se le llegó a dar un cariz político y un joven periodista de nombre Pablo Nord emprendió una polémica en un periódico hasta que el autor de la obra la concluyó, declarando que no respondería más “puesto que disponía de mejor uso de su tiempo”.

Años más tarde, al finalizar la primera guerra mundial, Denis recibió una solicitud de su gran amigo Arthur Conan Doyle para que lo autorizara a publicar ese libro en inglés. En abril de 1924 apareció con el título de: “The mystery of Joan of Arc ” (El misterio de Juana de Arco), alcanzando también gran difusión.

En 1910 se realizó el Congreso Espiritista Universal en Bruselas, donde se trató el tema del Magnetismo y León Denis asistió como delegado por Francia. Desde este momento, transcurrieron 17 años hasta su desencarnación, durante los cuales continuó desarrollando su obra con el mismo fervor y la misma dedicación, aunque los temas que lo ocuparon estuvieron dirigidos a otros objetivos.

En 1911 presentó su libro: “El gran enigma-Dios y el Universo “, que según su propia explicación lo concibió paseando por la playa de la Provenza en una tarde de invierno, cuando oyó una voz inspiradora indicándole la conveniencia de escribir todo lo que el ser humano debe saber para orientarse en la vida terrenal, para comprender su utilidad y la desventaja de utilizarla vanamente, como también la belleza de conseguir el perfeccionamiento basándose en la justicia y el amor.

Comenzó una etapa de divulgación popular editando folletos que estuvieran al alcance económico y cultural de todos. El primero de ellos: “El porqué de la vida”, fue seguido por muchos otros, generando la reacción de las autoridades eclesiásticas y desatándose una campaña contra lo que llamaban “la nueva herejía”.

Se declaró la guerra mundial en 1914, cuando León Denis tenía 68 años, estaba cada vez más enfermo y sufría de una antigua afección ocular que lo indujo a aprender el sistema Braille para ciegos, por el temor de quedar imposibilitado para leer y escribir. Vivía con la Sra. Forget, médium que había trabajado con él durante décadas, quien lo acompañaba y asistía desde la muerte de su madre. Contaba con la ayuda de una secretaria, la abnegada y servicial Srta. Claire Beaumard, convertida con el tiempo, en uno de sus biógrafos con su libro: “León Denis. Intime”

La época de la guerra lo apesadumbró enormemente y escribió muchos artículos sobre ese tema publicados en la Revista Espírita, adquirida e impulsada entonces por Jean Meyer, después de una interrupción de un año en las ediciones.

En 1919 apareció una recopilación de esas publicaciones con el nombre de: “El mundo invisible y la guerra”, donde reflejó su concepto de nacionalismo y patriotismo, mejoramiento del ser y de los pueblos. Mostró su apego a la justicia, a la verdad y a la libertad, afirmando que estos valores no tienen latitudes y son universales. Humberto Mariotti, destacado espírita argentino, en el prólogo de esa obra, en la edición de 1972 expresa que “La obra de Denis, al estar basada en la verdad, deja de ser nacional para convertirse en universal. Le hace ver al hombre que los nacionalismos exclusivistas y egolátricos resultan inadecuados para el bien y el progreso del género humano. Así lo entendió Denis y hay que reconocerlo como un pensador universal. Así como Francia luchó por la proclamación universal de los Derechos del Hombre, el gran escritor y pensador hizo otro tanto por los Nuevos Derechos Espirituales del Hombre”.

El año 1922 lo dedicó a escribir sobre la apreciación artística, en su libro “El Espiritismo y el arte”, especialmente sobre la música, una de sus grandes aficiones que siempre disfrutó mientras trabajaba y en la que se interesó durante su investigación mediúmnica, logrando la experiencia de recibir comunicaciones del espíritu conocido en su última encarnación como el gran músico Massenet, donde le habló de la música terrenal y de la armonía en el mundo espiritual, percepciones que León Denis supo plasmar magistralmente, en páginas emocionadas.

En 1924 escribió “El Espiritismo y las cuestiones sociales”, dando una explicación racional del tema, a la luz de la reencarnación sustentada por la ley de causa y efecto. Su posición en cuanto a las ideas sociales era análoga a la del filósofo francés Jean Jaurés; es decir, la conveniencia de poner en práctica el Derecho y la Justicia de acuerdo al esfuerzo y la moral de cada uno.

El Tercer Congreso Espiritista Internacional realizado en París, en 1925, dedicado a destacar el aspecto científico de la doctrina, contó con la Presidencia de León Denis, la Secretaría de Gabriel Delanne, y la presencia de Arthur Conan Doyle, su amigo entrañable, y de Jean Meyer, al que llamaron el “mecenas del Espiritismo”, reconociendo el gran aporte que hizo para su divulgación. León Denis ya era muy anciano; sin embargo se mostró muy activo y como siempre, emocionó con su palabra clara y fuerte.

Finalizado el Congreso se dedicó a investigar y escribir sobre el celtismo y la tradición. Este trabajo cristalizó en su último libro: “El genio céltico y el mundo invisible”. Es interesante destacar que al final de la obra se encuentran una serie de mensajes de Allan Kardec (espíritu) que le transmitiera antes de la realización del Congreso.

Las últimas palabras de León Denis fueron dirigidas a su secretaria, indicándole que enviara ese libro a Meyer para su publicación, y las pronunció el 12 de abril de 1927, cuando desencarnó, como consecuencia de las complicaciones de una neumonía. Fue enterrado en el cementerio La Salle, acompañado por sus amigos. Según la costumbre, durante su modesto sepelio, se leyeron fragmentos de su libro “Después de la muerte” y una comunicación de Jerónimo de Praga, su guía espiritual.

Lo recordamos como un hombre de talla mediana, de contextura fuerte y maciza, el mentón prominente y voluntarioso, la frente labrada, el mostacho gálico de su juventud que se completó con una larga y tupida barba en la ancianidad, y sus ojos vivaces, que con el tiempo fueron perdiendo el brillo y su ceguera parcial le daba el aspecto de una mirada dirigida hacia su interior.

Trabajador incansable, pasaba horas en su estudio acompañado de sus gatos; poseedor de una voluntad tenaz para el estudio, se forjó a sí mismo; con una memoria admirable, era racional y organizado, no dejaba nada al azar. Su secretaria lo llamaba “el hombre de los papelitos” por la innumerable cantidad de notas que producía. Sus placeres lo constituían el mar, la música y la naturaleza; sus hábitos eran sencillos y austeros; y estaba siempre alegre y sereno.

Como orador, tenía la capacidad de seducir almas y a eso se dedicó en su vida terrenal. Como escritor, nos dejó en herencia,el fruto de su talento, la hermosura de su prosa, la claridad de sus conceptos y la honestidad de su ejemplo.

Nada mejor que sus propias palabras, pronunciadas durante el Congreso Espiritista Internacional celebrado en Ginebra en 1913, para completar esta semblanza del Apóstol del Espiritismo.

“Día vendrá en que descendamos a nuestras tumbas y comparezcamos ante el terrible tribunal de la conciencia, desembarazada de las sombras terrenas y frente a la cual desfilarán la totalidad de nuestros actos, palabras y pensamientos. Entonces, y confío en que incluso antes de ello, entraréis en la gran batalla humana, en la lucha titánica de las ideas, en la importante vía del Espiritismo, y proseguiréis la labor de dar a conocer a los hombres sus destinos. Sabed pues, que vuestro rol será el mayor y más bello que pueda caber en suerte a un hombre en la tierra. Sabed que no hay nada más grande que el ser defensores y servidores de la verdad, y que para llegar a serlo, y merecer serlo, no existe dolor, amargura, ni desgarramiento que no hayáis de afrontar y padecer. Y, si sobre vosotros llueven chanzas, sarcasmos y odios, recordad entonces a cuantos en el pasado, sufrieron y murieron por el bien, la verdad y la justicia”.

 

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Andrew Jackson Davis

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Agosto 11, 1826 – Enero 13, 1910

Nació en Agosto 11, 1826, en el estado de New York, USA; era hijo de un pobre zapatero remendón, con hábitos alcohólicos, y su madre era una mujer sin instrucción, con tendencia hacia la más vulgar superstición. Sus vivencias infantiles quedaron plasmadas por él mismo, en su libro “La varita mágica”, que muestra la vida de un pueblo primitivo rudo e ignorante, pero con una gran avidez de asimilarse a todo lo nuevo; pues en aquellos distritos rurales se desarrollaron en pocos años, el mormonismo y el espiritualismo moderno.

El desarrollo corporal e intelectual de Andrew fue muy lento. Hasta los 16 años su rendimiento escolar era ínfimo, porque su memoria no le permitía asimilar las lecciones. Asistió sólo un año a la escuela, y más tarde a algunos cursos nocturnos, aunque por poco tiempo, mientras trabajaba como ayudante en varios oficios. En los últimos años de su infancia comenzaron a desarrollarse sus fuerzas psíquicas latentes y desde la adolescencia mostró sensibilidad para la clarividencia y la clariaudiencia. En 1843 fue descubierto por el mesmerista M. Levingston, sastre del pueblo interesado en esos fenómenos, quien dejó su oficio para dedicarse a trabajar con Andrew, usando el poder clarividente del muchacho para diagnosticar las enfermedades de los otros. Davis tenía muy desarrollada esa fuerza, común entre los psíquicos, que les permite percibir sin los ojos, incluso objetos imposibles de ver con el órgano visual. De esta forma el organismo humano adquiría una “transparencia” que le permitía diagnosticar la zona o los órganos afectados que producían la enfermedad. En aquellas experiencias, después de salir del trance, Davis perdía totalmente el recuerdo de las impresiones que había tenido, tal como si hubiera sido un sueño; sin embargo, las recordó años más tarde.

Paulatinamente sintió otras fuerzas influyendo sobre él y frecuentemente cuando le hacían preguntas importantes durante el trance mesmérico, contestaba que respondería en su libro. En 1845, tenía 19 años cuando sintió que las entidades le encomendaban la escritura de esa obra; y por alguna razón desconocida la influencia de Levingston no le era suficiente y solicitó el concurso del Dr. Lyon, también experimentador del magnetismo mesmeriano. El médico aceptó la oferta, y condujo al joven a la casa del Reverendo William Fishbourg para que actuara como testigo y secretario.

Durante innumerables sesiones diarias, fue repitiendo bajo trance lo que le dictaban, y luego los experimentadores lo transcribían. Este fue el inicio de su experiencia psíquica que vertió en varios libros, cuyo contenido llamaría “Filosofía armónica”. Existe un interesante testimonio de George Bush, profesor de hebreo de la Universidad de New York, testigo de esas sesiones: “Afirmo solemnemente que en sus sesiones, he oído hablar a Davis correctamente la lengua hebrea y hacer gala de tal cúmulo de conocimientos de geología, que son asombrosos en una persona de su edad, aunque se hubiera dedicado varios años a esos estudios. Discutió, con la misma señalada habilidad, las más profundas cuestiones de arqueología histórica y bíblica, de mitología, del origen y afinidades del lenguaje, y del progreso de la civilización en las diferentes naciones del globo, lo cual honraría a cualquier erudito de su edad, aunque para conseguir tal resultado hubiese tenido que pasar por todas las bibliotecas de la cristiandad. Por lo demás, aunque hubiera adquirido todos los conocimientos puestos de relieve en sus sesiones, no en los dos años transcurridos desde que abandonó los bancos de la escuela, sino en toda su vida, con los más asiduos estudios, ningún prodigio intelectual de cuantos el mundo tiene noticia podría compararse con él ni un solo momento, puesto que jamás leyó ni un volumen ni una página.”

En 1847, se publicó el libro “Los principios de la Naturaleza, sus manifestaciones divinas y una voz de la humanidad”, que contenía una exhaustiva enseñanza espiritual y su correspondiente filosofía, dirigida a servir para el bienestar de la humanidad. Según Rudolf Tischner, en este libro está expuesto “un concepto total del mundo”. Es interesante destacar que esto sucedía un año antes de los fenómenos de Hydesville.

Rechazado por algunos eruditos, con el argumento de encontrar conceptos contradictorios e incomprensibles, fue acogido con entusiasmo por otros grandes sectores de los Estados Unidos. Los partidarios aducían como prueba de la legitimidad del dictado espiritual, la escasa instrucción del médium, y un hecho muy importante, la mención de un planeta desconocido, con detalles de ubicación y densidad, que sólo siete meses después recibió el nombre de Neptuno por los astrónomos Urbain Jean Joseph Le Verrier, John Couch Adams y Johann Gottfried Galle.

El desarrollo psíquico de Davis continuó progresando, y antes de cumplir los 21 años ya no necesitaba de nadie para alcanzar el trance.

En 1851 escribió “Filosofía del trato con los espíritus”, con una información precisa sobre las relaciones que se pueden establecer con los mismos, suministrada por entidades, especialmente por quien había encarnado a Benjamín Franklin. Éste le describió sus investigaciones en el estado espiritual, con la finalidad de mover objetos y comunicarse con el mundo físico; así como sus múltiples intentos en muchos lugares, hasta conseguir las condiciones necesarias y atraer la atención general. El lector estupefacto se enteró de que los golpes provocados por los espíritus se debían a emanaciones eléctricas propagadas a través de personas con cierta facultad. Este libro logró gran éxito y se propagó por los Estados Unidos, excitando a muchos a la práctica de los fenómenos, por lo que se estimó que en aquella época había en New Yok cerca de 100 médiums y en Filadelfia entre 50 y 60 círculos privados.

Su percepción del mundo espiritual, plasmada en su libro “La muerte y la vida posterior”, era muy similar a la de Swedenborg y a la que más tarde describiría el Espiritismo. Habló de una vida semejante a la terrestre, que podría llamarse semi-material, con placeres y objetivos adaptados a cada naturaleza humana, que la muerte no modifica en forma alguna; y afirmó que el objeto de la vida es merecer una calificación superior y el medio más adecuado para el mejoramiento humano consiste en no caer en los errores o pecados, no sólo en los comúnmente conocidos, sino también en la superstición y la estrechez de miras.

Es interesante notar que en sus notas aparece la siguiente frase, escrita el 31 de marzo de 1848: “Esta mañana, hacia el amanecer, un hálito fresco pasó por mi rostro, y oí una voz tierna y segura, que me decía: hermano, ha comenzado la buena labor; contempla la demostración viviente que se inicia. Me quedé divagando acerca del significado de tal mensaje.”

Arthur Conan Doyle diría años después: “Había ido más allá que Swedenborg, aunque no tenía los dones mentales de éste. Swedenborg había visto un cielo y un infierno, tal como Davis los vio y describió con todo detalle. Swedenborg, sin embargo, no pudo tener una clara visión de la situación del muerto y de la verdadera naturaleza del mundo espiritista con la posibilidad, por parte de aquél, de volver a la tierra, según le fue revelado al vidente americano. Ese conocimiento lo obtuvo Davis en una forma paulatina. Sus extrañas conversaciones con los que llamó espíritus materializados eran cosas excepcionales, de las cuales al pronto, no dedujo conclusiones importantes. Sólo más tarde, cuando se puso en contacto con fenómenos espiritistas efectivos, llegó a colegir su verdadera significación. Davis hizo inteligentes recomendaciones a los espiritistas: “El espiritismo es útil como demostración viviente de una existencia futura, los espíritus me han ayudado durante mucho tiempo, pero no han dominado ni mi persona ni mi razón. Pueden y deben realizar los mejores servicios en provecho de quienes están en la tierra, pero tales beneficios sólo pueden procurárselos aquellos que consientan a los espíritus ser sus maestros y no sus dueños, es decir, compañeros y no dioses a quienes adorarse.”

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