Monthly Archives: February 2015

Leon Denis

 

Léon Denis (January 1, 1846 to March 12, 1927) became a Spiritist after reading Allan Kardec’s magnum Opus, The Spirits Book while he was a young man. The book had a marked effect on him and after reading it he commented: ‘I found in this book the clear solution, complete and logical, to a universal problem. My conviction became strong and sound. The Spiritist Theory dissipated my indifference and my doubts.’

Denis became champion of Kardec’s teaching and dedicated his life to its cause. He is known by some as ‘The Apostle of Spiritsm’ and he summerised his personal mission when he stated; ‘I have consecrated this existence to the service of a Great cause, Spiritism or Modern Spiritualism that will certainly be the universal faith, and the religion of the future.’
In 1911 Leo Denis’s book La Verite sur Jeanne d’Arc. (The Truth about Joan of Arc) was published in France. The book postulated that Joan was psychically gifted and that she can only be truly understood if we accept this. In the introduction of the book the author writes; ‘To penetrate the mystery of Joan of Arc it seems to us necessary to study, and have practical knowledge of, psychic science. It is necessary to have sounded the depths of this invisible world, this ocean of life which envelops us, from which we all come at birth and into which we are replunged at death. How can writers understand Joan if their thoughts have never risen above terrestrial facts, looked beyond the narrow horizon of an inferior material world, nor caught one glimpse of the life beyond?’
Arthur Conan Doyle, an ardent psychical researcher and a proponent of Spiritualism read the book and was so impressed with it he asked Denis if he could translate it into English, and in 1924 it was published in London by John Murray under the title, The Mystery of Joan of Arc. Doyle wrote in the introduction; ‘His (Denis’s) treatment of his heroine is so complete that there is no need for me to say anything save to express my personal conviction that, next to the Christ, the highest spiritual being of whom we have any exact record upon this earth is the girl Joan. One would kneel rather than stand in her presence.’
Denis was the consolidator of Spiritism. He was not just the substitute and continuator of Allan Kardec, as is generally supposed. Denis had a mission practically as significant as the one of the Codifier. To him, was assigned the development of the doctrinaire studies, to proceed with the mediumistic research, to propel the Spiritist Movement in France and all over the world, to deepen the moral aspect of the Doctrine and above all, to consolidate it in the first decades of the Century.
In Spiritism the role of Kardec is that of the wise person and the role of Denis is that of the philosopher. Léon Denis was nominated the Apostle of Spiritism, due to his magnificent work, and the words written and spoken in behalf of the new Doctrine. He can also be denominated its consolidator, the Philosopher of Spiritism. Possessing accentuated moral qualities, he dedicated his entire existence to the defense of the postulates that Kardec had transmitted in the books of the spiritist Pentateuch.
Denis himself, summarized the mission that he had come to accomplish in favor of a noble cause: ‘I have consecrated this existence to the service of a Great cause, Spiritism or Modern Spiritualism that will certainly be the universal faith, and the religion of the future.’
Léon Denis was born in Foug, Meurthe-et-Moselle, France, on January 1, 1846, of a humble family. Very early in life out of necessity, he did manual works and had to carry the heavy responsibilities of his family. From his first steps into this world, he sensed that invisible friends assisted him.
Instead of participating in plays relating to his youth, he tried to instruct himself as intensely as possible. He read serious works, thus striving through his own efforts, to develop his intelligence, and became a serious and competent self-didactic. At the age of 18, he commenced to work as a sales representative, and because of this he had take frequent trips. This situation continued up to the time of his reformation and beyond. He adored music, and whenever he had a chance, he would attend operas or concerts. He played well-known arias at the piano and also some accords from his own inspiration. He did not smoke, and was almost exclusively a vegetarian, nor did he indulge in fermented drinks. He found water to be his ideal drink.
It was his habit to review books with interest, of those displayed in the bookstores, at the age of 18, by ‘chance’ his eyes glanced at a work with an unusual title: The Spirits’ Book by Allan Kardec. Having in his possession the amount needed to purchase the book, he bought it and rushed to his home immediately surrendering eagerly to the reading. The comments of Denis after reading it: ‘I found in this book the clear solution, complete and logical, to a universal problem. My conviction became strong and sound. The Spiritist Theory dissipated my indifference and my doubts.’

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Dios en la Naturaleza por Camille Flammarion

La causa de nuestra decadencia social (decadencia pasajera, porque la historia no puede desmentirse a si misma) está en nuestra falta de fe. La hora primera de nuestro siglo ha sido la del último suspiro de la religión de nuestros padres. En vano se harán esfuerzos para restaurar y reconstruir: al presente no son ya más que simulacros; lo que está muerto, no puede resucitar. El soplo de una inmensa revolución ha pasado sobre nuestras cabezas, derribando nuestras antiguas creencias, pero fecundando un mundo nuevo. Atravesamos en esta edad la época crítica que precede a toda renovación. El mundo marcha. Vanamente la gente política como la de Iglesia se imagina cada una por su parte continuar la representación del pasado sobre una escena empedrada de ruinas; no podrán impedir que el progreso nos arrastre a todos hacia una fe superior, que aun no tenemos, pero hacia la cual caminamos. Y esta fe, es la creencia en el verdadero Dios por las ciencias; es la ascensión hacia la verdad por el conocimiento de la creación.camilleFlammarion

Preciso es estar ciego o tener algún interés en engañarse a sí mismo y en engañar a los demás (¡ay! muchos están en este caso) para no ver y para no explicarse el estado actual de la sociedad pensadora. Porque la superstición ha matado el culto religioso, le hemos abandonado y despreciado; porque el carácter de lo verdadero se ha revelado claramente a nuestras almas, aspiran éstas a un culto puro; porque el sentimiento de la justicia se ha afirmado delante de nosotros, reprobamos hoy las instituciones bárbaras que, como la guerra, recibían no ha mucho los homenajes de los hombres; porque el pensamiento se ha libertado de las trabas que le mantenían junto al suelo, no admite éste ya las tentativas hechas para imponerle la esclavitud, cualquiera ésta sea. En esto, sin contradicción, hay progreso. Pero en la incertidumbre en que estamos todavía, en medio de las turbulencias que nos agitan, percibiendo la mayor parte de los hombres que sus impresiones y sus tendencias más generosas chocan aún fatalmente contra la inercia del pasado, se retiran al silencio, si tienen medios y fuerzas para ello, o se dejan arrastrar por la corriente general hacia la gran atracción de la fortuna.

En las épocas críticas es cuando se despiertan las luchas, luchas intermitentes sobre problemas eternos, cuya forma varia según el espíritu de los tiempos, y reviste sucesivamente un aspecto característico. En nuestra época de observación y experimentación, los materialistas tienen el talento de apoyarse en los trabajos científicos y de parecer que deducen su sistema de la ciencia positiva. Los espiritualistas, por el contrario, creen en general poder cernirse por encima de la esfera de la experiencia y dominar también en las alturas de la razón pura. Según nosotros, el espiritualismo debe, para vencer, medirse hoy sobre el mismo terreno que su adversario y combatirle con las mismas armas. No perderá nada de su carácter. consintiendo en descender a la arena y nada tiene que temer en tentar una prueba con la ciencia experimental. Las luchas empeñadas, los errores que debe combatir, están muy lejos de ser peligrosos para la causa de la verdad: al contrario, sirven para examinar más rigurosamente las cuestiones para discutirlas mucho mejor, y para preparar una victoria más completa. La ciencia no es materialista y no puede servir al error. ¿Por qué el espiritualismo, por qué la religión pura, habían de temerla? Dos verdades no pueden ser opuestas la una a la otra. Si Dios existe, su existencia no podría ponerse en duda ni ser combatida por la ciencia. Por el contrario, tenemos la íntima convicción de que el establecimiento de los conocimientos precisos sobre la construcción del Universo, sobre la vida y sobre el pensamiento, es actualmente el único método eficaz para ilustrarnos sobre el problema, para enseñarnos si la materia reina sola en el Universo, o si debemos reconocer en la naturaleza una inteligencia organizadora, un plan y un destino de los seres.

Tal es, al menos, la forma bajo la cual se ha presentado la discusión a nuestro espíritu perplejo, y se ha impuesto a nuestro trabajo. Abrigamos la esperanza de que esta tentativa de tratar la cuestión de la existencia de Dios por el método experimental servirá al progreso de nuestra época, por que está en relación con sus tendencias características. Satisfechos quedaremos si la lectura de este libro hace penetrar un rayo de luz en los pensamientos indecisos y si después de inclinarse silenciosamente sobre nuestros estudios, se levanta alguna frente con el sentimiento de su verdadera dignidad.

(Del libro “Dios en la Naturaleza“.  Introduccion. Por Camille Flammarion)

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