El Error

“El error hace parte del crecimiento, perdónese a sí mismo, pero no se acomode.”

Umberto Fabbri

Nadie en su plena conciencia desea cometer un error.  El error, o los equívocos, pasan por nuestra falta de madurez, y por la inhabilidad en manejar las dificultades.

El error hace parte del crecimiento, pero no su repetición sistemática, que nos lleva a la autocomplacencia y al vicio.

“Nadie nace sabiendo”, esta frase popular, muy conocida, ilustra bien la situación del error.

Nacemos sin saber, o conocer, una infinidad de cosas o circunstancias de la vida, y solamente con la vivencia creamos condiciones para evaluar, conocer y acertar.

Tomemos por base nuestro proceso de alfabetización. Es necesaria mucha perseverancia y tenemos muchas dificultades en vencer las primeras etapas.  Nos parecía imposible que las primeras letras se materializarían en el papel, por lo menos para la gran mayoría de nosotros. No obstante, pasada esta fase, empezamos a trabajar con más perfección, no solo en la escritura, como en el idioma como un todo.

Nos equivocábamos en este período por que no sabíamos cómo hacer, nos equivocamos tratando de acertar.  Fuimos poco a poco entendiendo y racionalizando. Las primeras tentativas se mostraban primarias y hasta desastrosas, pero, con la insistencia, la paciencia de intentar de nuevo, nos capacitó el escribir, el leer, el crear….

Nuestros familiares, profesores y amigos, nos estimularon a vencer barreras y pudimos salir victoriosos.

Aprendemos a ser complacientes con nuestros equívocos, más no insatisfechos. Al ver tantas personas leyendo y escribiendo, sabíamos que si superáramos los primeros errores, lo conseguiríamos también, y no desistimos, pues el deseo de la conquista fue más fuerte.

Hoy en día, buscamos la felicidad, el éxito material, la armonía en nuestras relaciones, así como en la preparación de las primeras letras y también podemos no tener éxito en los intentos iniciales.

Cuando buscamos construcciones morales más sólidas, catalogadas como cambios racionales y coherentes, en la fraternidad, la justicia y el respeto, entendemos que podemos cometer errores en el proceso de aprendizaje, pero no debemos colocarnos en la posición cómoda de alojamiento, ya que nos retrasa nuestro crecimiento.

Perdonarse no puede ser un proceso de acomodación, pero sí de trabajo renovador de las actitudes y pensamientos, buscando no repetir los equívocos cometidos.  Aquí encontramos la diferencia entre resentimiento y arrepentimiento.

Aquél que se resiente, continúa viviendo su error, o el del prójimo, muchas veces, resentido, sentido nuevamente; el dolor, la frustración, el odio, la tristeza, la culpa. El que se arrepiente, entiende que se equivocó, y empieza a reconstruir, renovar, rehacer, la situación de aquel error, pues ya consigue comprender que puede volver a empezar. Uno se pone a caminar, el otro se entrega y se estaciona. Aquél que se estaciona, puede desarrollar problemas graves como la Depresión.

Tenemos,  cada día, la sagrada oportunidad de volver a empezar,  todas las veces que nos hemos despertado por la mañana, sin importar lo que suceda, el sol siempre nace, por fuerte  que sea  nuestro dolor, el brilla, como para mostrarnos, que todo, absolutamente todo, se puede rehacer, siempre es posible volver a empezar, basta querer.

 

Traducido por Blanca Hernandez

Revision Luis Salazar / Claudia Nunes

Enero 2013

Total de Palavras 516

Share
  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS