Dr. Bezerra de Menezes y Salud Mental

Esos malos espíritus que representan el papel atribuido al demonio, tienen la facultad de hacernos daño, actuando fluidicamente sobre nosotros, como en vida actuaban materialmente.

No nos golpean ni nos hieren el cuerpo, mas nos inspiran malos pensamientos, malos sentimientos, resoluciones terribles. Llegan a dominar nuestra voluntad, al punto de hacernos sumisos, como hipnotizados.

Tenemos el derecho y el poder de reaccionar, rechazando sus malas insinuaciones, mas, no vemos en la vida como ciertos perversos van poco a poco seduciendo aquellos que marcan como sus víctimas, hasta dominarlos, y llevarlos para donde quieren, y disponen de su voluntad?

El hecho, pues, de la influencia de los espíritus sobre los vivientes, es el mismo que ejercen, unos sobre los otros.

Tal influencia se presenta en diferentes grados, va de simple insinuación, hasta dominación completa de la voluntad.

El uso que hacemos de nuestro libre albedrio, en el rechazo de aquella causa perturbadora, puede ser eficaz o inútil conforme a la naturaleza de nuestros sentimientos.  Si fuesen buenos, nuestra resistencia rechazara todos los ataques del enemigo.  Si fuesen malos, serán vientos que auxiliaran las corrientes del enemigo.

Cada uno de nosotros forma su atmosfera moral, dentro de la cual solamente pueden penetrar espíritus de nuestra naturaleza, que son los únicos que la pueden respirar, si nos permiten la expresión.

Asi, el que modela sus acciones, sus pensamientos y sus sentimientos, por las normas del deber y del bien, no le pueden llegar sino espíritus adelantados, jamás los maléficos.

Vice-versa, el que lleva la vida libertina, más preocupado con la satisfacción de sus instintos carnales de que con el cumplimiento de sus deberes, segundo el bien, no pueden llegar sino espíritus atrasados, que solo arrastran hacia el mal, jamás los del bien, salvo los que vienen en misión de caridad.

Entre estos extremos, una infinita variedad, propensa más o menos para la resistencia, o más o menos para la sumisión.  Si el hombre es bueno, que es por esto asistido por los buenos espíritus, desfallece en la práctica del bien, porque su libre albedrio es incoercible, rompe con sus manos el cordón sanitario que lo aislaba de los malos espíritus.

Si la debilidad es transitoria y el retorno pronto, el eclipse apenas visible a los habitantes del mundo espiritual, será un punto negro en el libro de su vida, del que lo acusara su propia conciencia.

Sin embargo, si el infeliz, lejos de reaccionar sobre si mismo, se entrega al desanimo, sus amigos invisibles se retiran y los enemigos se apoderan de él.

Se dan entonces, uno de esos descalabros morales, que tantas veces nos afligen y escandalizan, al ver un hombre, siempre respetado por su carácter, descender a las mayores bajezas.

Dr. Adolfo Bezerra de Menezes

(De la obra “La Locura bajo un nuevo prisma”

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