Victoria sobre la Depresion

VICTORIA SOBRE LA DEPRESIÓN

La sociedad terrestre vive un momento serio en el área de la salud emocional y del comportamiento.  Presentándose de manera de pandemia, la depresión domina los segmentos sociales más variados, arrastrando un enorme número de gente  al terrible problema del comportamiento.

Las conquistas enormes de la inteligencia todavía no han logrado obstaculizar la irrupción en forma devastadora de este trastorno que diezma las floraciones hermosas e incontables de la cultura, del arte, de la ciencia, del pensamiento, de la inteligencia y del sentimiento.

Se cuentan, por millones, en los países súper populosos, los que lo sufre de depresión. Sin embargo, en grupos pequeños, igualmente ahí se encuentra de manera insinuante y insensible, paralizando gente capacitada que, de uno para otro momento, son dominados por dicho trastorno terrible, que a ellas las ganan lentamente, empujándolas para la desesperación interior, el vacío existencial, y, no pocas veces, para el suicidio.

Presentándose como consecuencia de problemas fisiológicos – causa hereditaria,  enfermedades infectocontagiosas y sus secuelas, golpes que producen lesiones cerebrales — así como de naturaleza psicológica — ansiedad, miedo, soledad, angustias por pérdidas de expresiones diversas – viene recibiendo la contribución de la ciencia y de la tecnología, siendo de difícil erradicación, debido a la facilidad con que se presenta, cuando todo se parece armónico y saludable.

Además de presentarse como trastorno depresivo en diversas fases de desarrollo – infantil, juvenil, adulto y senil —  también se manifiesta en el pre-parto y post-parto;  igualmente se presenta de varios tipos, como psico-afectivo, temporal, unipolar, bipolar, con las alternaciones del humor, no pocas veces avanzando para agitaciones psicopáticas más serias con alucinaciones aflictivas.

Puede ser afirmado que la depresión es la ocurrencia que se manifiesta como un producto de todo el cuerpo orgánico,  y que resulta de problemas del quimismo neuronal, con la carencia de algunos de los neuropeptidios o de los neurocomunicadores responsables para la alegría, el bienestar, el afecto, tal como el dopamina, el serotonina y el noradrenalina.

Profundizando, sin embargo, la investigación de este cruel trastorno del comportamiento y de la afectividad, la enfermedad se exterioriza en función del enfermo, que es siempre el Espiritu reencarnado en proceso de re-equilibrio de los delitos practicados previamente.

De este modo, casi todos los terapéuticos de la actual época, contribuyendo para el reajuste de las neuro-comunicaciones, a través de medicinas eficientes, tan bien como de las ofertas incontables de la liberación del paciente, deben tener en mente el reajuste moral y espiritual del enfermo.

Identificada en épocas muy antiguas con variadas denominaciones, como melancolía, psicosis maniaco-depresiva, y más recientemente como trastorno depresivo, en el occidente fue estudiado por medio de los recursos de la época por el padre eminente de la medicina, Hipócrates, siendo discutido por Galeno y muchos otros hasta el actual tiempo, siguiendo, sin embargo, agresiva y dominadora, desafiando las conquistas de la inteligencia y del sentimiento.

[. . .] La depresión es enfermedad del alma, que se siente culpable, y, de no pocas veces, carga esta sensación en la inconsciente, resultado de los comportamientos infelices practicados en la estera de las reencarnaciones, teniendo, en consecuencia, que ser tratado en el cerne de su origen.

Podemos asegurar que, en la mayoría de los trastornos depresivos, la causa se presenta de naturaleza  espiritual, o después de lanzadas por los fenómenos orgánicos — psicológicos o fisiológicos — para llegar a ser más complejo en la razón de la influencia perniciosa de las personalidades desencarnadas.

La salud es, por lo tanto, el estado ideal del alma que se descubrió a sí misma y se identifica con el Cosmos, en el cual se inserta en clima de armonía.

Fuente: Vitória Sobre a Depressão, Juanna de Angelis, psicografiado por Divaldo P. Franco. Adaptado e traduzido por G. Rustice.

 

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