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  Lucrecia Villarraga lleva 35 años como médium. Su familia fundó el grupo Senderos de la Esperanza, que hoy tiene 30 miembros, entre físicos, universitarios, médicos y amas de casa.
Mauricio Moreno / EL TIEMPO
 
Julio 23 de 2005
El espiritismo en Colombia cumple medio siglo y tiene más de 1.500 médiums

Uno de ellos es Lucrecia Villarraga, una abuela, madre de cinco hijos profesionales y viuda desde hace ocho años.

Sus gafas redondas grandes, su voz tímida y su mirada sumisa no dan la menor pista de tener una línea directa con el mundo de los muertos.

–¿Miedo a la muerte? –pregunta ella– La muerte no existe. Viajamos al mundo espiritual, donde están los demás.

Esta mujer, de 68 años, es espiritista, es decir, es seguidora de una doctrina que tiene en el país una cofradía a la que pertenecen unas 1.500 personas y que este año cumple medio siglo como organización en el país.

Además de los trajines del hogar, Lucrecia trabaja todos los días con su don: ser médium, del cual se enteró hace 40 años cuando espíritus de todas las calañas, como almas en pena, se le presentaban en cualquier hora del día para tocarla o decirle cosas al oído.

A pesar de su incredulidad, su esposo Hernando, que empezó a asistir a reuniones clandestinas de la doctrina en los años 50 en Bogotá, la terminó convenciendo de estudiar la filosofía y de aprovechar sus dotes sobrenaturales.

Hace 35 años fundó con su marido y sus hijos el grupo Senderos de la Esperanza para expandir la filosofía. Hoy funciona en un edificio del barrio Teusaquillo, en el centro de Bogotá, el mismo que Hernando diseñó gracias a su grado de arquitecto.

El segundo piso está organizado para recibir a los 30 miembros del grupo que se reúnen hasta tres veces por semana, y en el que están físicos, universitarios, amas de casa e incluso médicos.

El lugar está adecuado con hileras de sillas que ‘miran’ a una mesa amplia y un atril; las paredes blancas están adornadas con cuadros de los históricos espiritistas, quienes fueron plasmados en carboncillo y aerógrafo por un joven espírita (así llaman a los estudiosos de la doctrina).

Hay 80 grupos en el país

Ni Lucrecia ni el escenario eran lo imaginado. No era oscuro, ni había velas ni personas hablando en lenguas desconocidas o retorciéndose en el suelo. No había temor. Ante el comentario, ella responde firme: “Nosotros estamos lejos de los charlatanes con rituales, que venden a curiosos una cita con algún muerto. Creemos en Dios, como inteligencia suprema, y en Jesús, como modelo”.

Por eso, ella no recibe pagos para comunicar a una persona con el espíritu de un familiar fallecido o para hacerle baños con el fin de que la favorezcan las almas buenas.

El grupo, como los 80 que hay en el país, unidos en siete federaciones, vive de los aportes de sus socios, que dan entre 10 mil y 20 mil pesos mensuales para mantener el lugar.

No invocan espíritus, pero sí leen sobre ellos. Se reúnen para devorarse los textos del francés Allan Kardec, quien empezó a escribir a mediados de 1850 los cinco libros básicos del espiritismo inspirados por sabios desde el más allá.

Además, hacen conferencias públicas sobre temas como su visión sobre la eutanasia y la medicina. El círculo es cerrado: para pertenecer a un grupo de estos se necesita asistir por lo menos tres ocasiones seguidas y presentar una entrevista. Las juntas directivas de los grupos deciden si aceptan o no al interesado.

Acoge a 3.000 espíritus

Lucrecia tiene la posibilidad, como pocos en este gremio, de percibir a los muertos y de prestarles su cuerpo delgado para que se comuniquen con el más acá y puedan salir de sus penas.

Mal contados, esta mujer ha atendido, como médium, a por lo menos 3 mil espíritus en los últimos 35 años en sesiones que hace en un cuarto del segundo piso. “Mi trabajo es aliviar a los espíritus que están turbados en el mundo espiritual... llegan de un momento a otro en cualquier sesión. Otros vienen a dar mensajes doctrinarios”, explica.

Allí, en una mesa de madera corriente, la médium entra en trance. En ese momento, el espíritu llega a su cuerpo y, utilizando su boca y su cuerpo, transmite lo que está sintiendo: dolor, angustia o alegría. Después de unos 30 minutos de diálogo, el ‘visitante’ se devuelve al mundo espiritual. Lucrecia aclara que para entrar a una sesión de estas se necesita tener conocimientos. “No es para personas morbosas”, dice.

En su larga trayectoria como médium dice haber prestado su cuerpo para que el espíritu de un joven que se mató después de haber sido atropellado por un tren no vuelva a sentir el dolor y la angustia eterna de tener su cuerpo desmembrado.

También prestó su estómago a una mujer que murió desangrada mientras le practicaban un aborto. Dejó que expresara su sentimiento de culpa, uno similar al grito desesperado que dio a través de ella un joven que se suicidó.

“Cuando llegó el espíritu del joven que murió en el tren sentí que mi cuerpo se repartía como en migajas de carne”, cuenta.

Sin embargo, no solo se ha encontrado con desconocidos. Un año después de muerto Hernando se le presentó en una sesión. “Fue muy emocionante, lloré de la alegría”, cuenta con emoción.

Con el recuerdo de su esposo, Lucrecia Villarraga se va del salón, sin antes contar que lo primero que quiere ver cuando cruce el puente que comunica con la eternidad es a él. Allí, con Hernando, esperará el momento cuando le den el tiquete de regreso al mundo de los vivos.

¿De qué se trata?

¿Qué es? “El Espiritismo es una ciencia que trata de la naturaleza, el origen y el destino de los espíritus, así como de sus relaciones con el mundo corporal”, dijo Kardec.

Algunas enseñanzas Dios es la inteligencia suprema, causa primera de to-das las cosas, y Jesús, guía y modelo.
Más allá del mundo corpo-ral existe el mundo espiri-tual. Los espíritus evolucionan siempre.

Ellos reencarnan las veces necesarias para su propio perfeccionamiento.

Hay espíritus puros que han llegado a la perfección; buenos, que inducen al bien, e imperfectos, caracterizados por el deseo del mal.

Los espíritus, según la Iglesia

Para la doctrina de la Iglesia hay otros seres creados por Dios que no son materiales, que son espirituales. Esos seres se llaman ángeles que hacen tanto el bien como el mal.

“El espiritismo toma el camino de darles a los espíritus funciones y acciones que no tienen, que son improbables. Entre estas está que se le meta al cuerpo de una persona y lo pueda dominar. Cuando no existía la psicología ni había avanzado la medicina, se pensaba que todos los fenómenos eran propiciados por espíritus. Hoy en día nadie lo va a creer”, dijo monseñor Fabián Marulanda, secretario General del Episcopado.

ANDRÉS GARIBELLO
Redactor de EL TIEMPO



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