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Del libro La Genesis, por Allan Kardec

CAPÍTULO XVIII

Los tiempos han llegado

Señales de los tiempos

1. Los tiempos señalados por Dios han llegado, nos dicen por doquier, van a cumplir grandes acontecimientos para la regeneración humana. ¿En qué sentido debemos entender estas palabras proféticas? Para los incrédulos, carecen de valor. En su concepto, son sólo la expresión de una creencia pueril y sin fundamento. Para la mayoría de los creyentes, encierran algo de místico y sobrenatural que les parece una señal precursora de cambios en las leyes naturales. Ambas interpretaciones son igualmente erróneas: la primera, en cuanto implica una negación de la Providencia; la segunda, en cuanto esas palabras no anuncian una perturbación de las leyes de la Naturaleza, sino su cumplimiento.

2. Todo es armonía en la Creación. Todo revela una previsión que no se desmiente ni en las cosas pequeñas ni en las grandes. En principio, debemos apartar toda idea caprichosa inconciliable con la sabiduría divina. Y en segundo término, si nuestra época está marcada por el cumplimiento de ciertas cosas, es porque tienen su razón de ser en la marcha general del conjunto.

Una vez sentado este principio, diremos que nuestro planeta, así como todo lo que existe, está sujeto a la ley del progreso. Progresa físicamente por la transformación de los elementos que lo componen y, moralmente, por la depuración de los espíritus encarnados y desencarnados que lo pueblan. Estos dos progresos se relacionan y avanzan paralelamente, puesto que la perfección de la habitación está en relación con la del habitante. Físicamente el planeta sufrió transformaciones, constatadas por la ciencia, que lo hicieron habitable por seres cada vez más perfeccionados. Moralmente, la Humanidad progresa por el desarrollo de la inteligencia, el sentido moral y la dulcificación de las costumbres. Al mismo tiempo que el mejoramiento del globo se opera bajo el imperio de las fuerzas materiales, los hombres cooperan mediante el empeño de sus inteligencias: sanean las comarcas insalubres, vuelven las comunicaciones más fáciles y la tierra más productiva.

Ese doble progreso se verifica de dos modos: el uno, lento, gradual e insensible. El otro, caracterizado por cambios más bruscos, con cada uno de los cuales se opera un movimiento ascensional más rápido que marca con caracteres ostensibles los períodos progresivos de la Humanidad. Esos movimientos, subordinados en los detalles al libre albedrío de los hombres, son, en cierto modo, fatales en el conjunto, porque se encuentran sometidos a leyes, como los que se operan en la germinación, crecimiento y madurez de las plantas. Por ese motivo el movimiento progresivo es a veces parcial, es decir, limitado a una raza o nación, y otras es general.

El progreso de la Humanidad, de acuerdo con lo dicho, se efectúa en virtud de una ley. Ahora bien, como todas las leyes de la Naturaleza son obra eterna de la sabiduría y presciencia divinas, todo lo que es afecto de esas leyes es el resultado de la voluntad de Dios y no de una voluntad accidental y caprichosa. Es el producto de una voluntad inmutable. Por lo tanto, desde el momento en que la Humanidad está madura para ascender un grado, se puede establecer que los tiempos señalados por Dios han llegado, como se puede decir también que tal estación ha llegado por la madurez que se observa en los frutos.

3. Porque el movimiento progresivo de la Humanidad sea inevitable, en razón de que está en la Naturaleza misma, no se infiere que Dios sea indiferente a él, y que después de haber establecido leyes haya vuelto a la inactividad, dejando las cosas seguir su curso por sí solas. Sus leyes son eternas e inmutables, no hay duda, así como su voluntad también es eterna y constante y su pensamiento anima todas las cosas sin intermisión. Este pensamiento divino, que a todo lo penetra, es la fuerza inteligente y permanente que mantiene en armonía al Universo. Si este pensamiento dejara de actuar un solo instante, el Cosmos podría compararse a un reloj sin péndulo regulador. Dios vela constantemente por la ejecución de sus leyes, y los espíritus, que pueblan el espacio, son sus ministros encargados de los detalles, conforme con las atribuciones inherentes a su grado de adelanto.

4. El Universo es, a la vez, un mecanismo inconmensurable conducido por un número igualmente inconmensurable de inteligencias, un inmenso reino en el que cada ser inteligente se encarga de una parte del trabajo bajo la mirada del soberano señor, cuya voluntad única preserva en todos los sitios la unidad. Todo se mueve con los auspicios de esa gran potencia reguladora, todo funciona en perfecto orden. Lo que consideramos perturbaciones son movimientos parciales y aislados, anormales solamente debido a lo limitado de nuestra visión. Si pudiésemos abarcar el Todo, veríamos que esas irregularidades sólo lo son en apariencia, ya que armonizan con el conjunto.

5. La Humanidad ha realizado hasta hoy indiscutibles progresos. Los hombres, gracias a su inteligencia, han obtenido resultados jamás alcanzados en lo que respecta a la ciencia, el arte y el bienestar material. Pero les queda aún por realizar un inmenso progreso: hacer reinar entre sí la caridad, la fraternidad y la solidaridad para asegurar el bienestar moral. No podían lograrlo con sus creencias, ni con sus instituciones vetustas -vestigios de otra edad-, adecuados a una cierta época, suficientes para un momento de transición, pero que, habiendo dado ya lo que podían dar, resultarían hoy una rémora. No es sólo el desarrollo intelectual lo que el hombre necesita, requiere elevación de sentimientos, lo cual, para lograrlo, es menester destruir en él todo lo que pueda sobre excitar el egoísmo y la soberbia.

Tal es el período en el que vamos a entrar y que señalará una de las más importantes fases de la Humanidad. Esta etapa, actualmente en elaboración, es el complemento necesario del estado precedente, así como la edad viril es el complemento de la juventud. Podía, por lo tanto, ser prevista y predicha de antemano, y es esa la razón por la que se dice que los tiempos señalados por Dios han llegado.

6. En esta ocasión, no se trata de un cambio parcial, de una renovación circunscrita a una nación, a un pueblo, a una raza. Se trata de un movimiento universal que se opera en beneficio del progreso moral. Tiende a establecerse un nuevo orden de cosas, y los mismos que a ello se oponen con más empeño, coadyuvan a él sin saberlo. La generación futura, libre de las escorias del viejo mundo y formada por elementos más puros, estará animada por ideas y sentimientos muy diferentes de los que nutren a la generación actual, que se va a pasos agigantados. El viejo mundo habrá muerto y vivirá en la historia, como sucede hoy con la Edad Media y sus costumbres bárbaras e ideas supersticiosas.

En cuanto a los demás, sabemos que el orden de cosas actual deja aún no poco que desear. Después de haber agotado, en cierta manera, los mayores logros en cuanto al bienestar material, producto de la inteligencia, se llega a comprender que el complemento de ese bienestar sólo puede hallarse en el desarrollo moral. Cuando más se avanza, más se siente lo que falta, sin poder, no obstante, definirlo claramente: es el efecto del trabajo íntimo que se opera para la regeneración. Se tienen deseos y aspiraciones que son como el presentimiento de un estado mejor.

7. Pero un cambio tal radical como el que se está elaborando no puede llevarse a cabo sin perturbaciones. Hay una lucha inevitable en las ideas. Ese conflicto originará forzosamente perturbaciones temporales, hasta que el terreno haya sido desbrozado y el equilibrio restablecido. Los graves acontecimientos anunciados surgirán de esa lucha de ideas y de ningún modo de cataclismos o catástrofes puramente materiales. Los cataclismos generales eran consecuencia del estado de formación de la Tierra. Hoy ya no se agitan las entrañas del globo, sino las de la Humanidad.

8. Aunque la Tierra ya no debe temer a los cataclismos generales, sigue sometida a revoluciones periódicas cuyas causas son explicadas, desde el punto de vista científico, en las siguientes instrucciones dictadas por dos eminentes espíritus:1

“Cada cuerpo celeste, además de las leyes simples que presiden la división de los días, las noches y las estaciones, sufre revoluciones que requieren miles de siglos para su total cumplimiento. Pero, al igual que las revoluciones más pequeñas, ellos pasan por todos los períodos, desde el nacimiento hasta el súmmum del efecto, para continuar en un decrecimiento hasta alcanzar el último límite y recomenzar enseguida a recorrer las mismas fases.

“El hombre sólo abarca fases de duración relativamente cortas, y de ellas puede constatar su periodicidad. Pero hay algunas que comprenden a numerosas generaciones de seres e incluso sucesiones de razas, cuyos efectos, consecuentemente, presentan para él toda la apariencia de lo nuevo y lo espontáneo, en tanto que, si su mirada pudiese trasladarse en el tiempo varios miles de siglos atrás vería, entre sus mismos efectos y causas, una correlación que ni siquiera imagina. Esos períodos, que confunden a la imaginación de los humanos por su duración relativamente tan grande son, no obstante, sólo instantes en la duración eterna.

“En un mismo sistema planetario todos los cuerpos que lo integran actúan unos sobre otros. Todas las influencias físicas son solidarias entre sí y no hay un solo efecto de esos que llamáis grandes perturbaciones que no sea consecuencia de las influencias de todo ese sistema.

“Iré más lejos aún: Afirmo que los sistemas planetarios actúan unos sobre otros, en razón del acercamiento o el alejamiento resultante de sus movimientos de traslación a través de las miríadas de sistemas que componen nuestra nebulosa. Me atrevo a ir más lejos aún, diciendo que nuestra nebulosa, que es como un archipiélago en la inmensidad, poseyendo también su propio movimiento de traslación, cruza las miríadas de nebulosas y siente la influencia de aquellas a las que se aproxima.

“Así es como las nebulosas actúan sobre las nebulosas y los sistemas sobre los sistemas, al igual que los planetas actúan sobre los planetas y los elementos de cada planeta actúan los unos sobre los otros, y así sucesivamente hasta llegar al átomo. En conclusión: las revoluciones parciales o generales que se producen en los mundos nos parecen ser perturbaciones sólo porque la brevedad de la vida no nos permite ver más que los efectos parciales.

“La materia orgánica no escapa a estas influencias. Las perturbaciones que ella sufre pueden, por lo tanto, alterar el estado físico de los seres vivos y determinar alguna de las enfermedades que hacen estragos en las plantas, los animales y los hombres . Y esas enfermedades, como todas las plagas, son para la inteligencia humana un estimulante que la induce, por necesidad, a buscar medios para combatirlas y descubrir, así, las leyes de la Naturaleza a las que obedecen.

“Pero la materia orgánica actúa a su vez sobre el espíritu, pues éste, por su contacto y su unión íntima con los elementos materiales, sufre también influencias que modifican a sus disposiciones, sin quitarle, no obstante, su libre albedrío, pero sí apurando o aminorando su actividad y, en consecuencia, contribuyendo a su desarrollo. La agitación que se manifiesta a veces en toda una población o entre los hombres de una misma raza, no es algo fortuito, ni producto de un capricho: se origina en las leyes naturales. Esta efervescencia, en un comienzo inconsciente, se manifiesta como un deseo vago, una aspiración indefinida hacia algo mejor, una necesidad de cambio. Se traduce por una agitación sorda, luego por actos que conducen a revoluciones sociales, las que, creedlo, tienen también su periodicidad, como ocurre con las revoluciones físicas, ya que todo se encadena. Si la visión espiritual no estuviese limitada por el velo de la materia, veríais esas corrientes fluídicas que, como miles de hilos conductores, enlazan las cosas de orden espiritual con las de orden material.

1. Resumen de dos comunicaciones recibidas en la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritas y publicadas en la Revista Espirita de octubre de 1868. Son el corolario de las dadas por Galileo, insertas en el cap. VI y al final del cap. IX: “Revoluciones del globo” [N. de A. Kardec.]

 

Cataclismos futuros

11. Las grandes conmociones terrestres tuvieron lugar cuando la corteza sólida, por su poco espesor, sólo ofrecía una débil resistencia a la efervescente de las materias incandescentes de su interior. Fueron disminuyendo la intensidad y generalidad a medida que la corteza se consolidó. Numerosos volcanes se hallan en la actualidad apagados y otros se encuentran recubiertos por terrenos de formación posterior.

4. El desplazamiento gradual de las líneas de igual temperatura, o isotérmicas, fenómeno reconocido por la ciencia de manera tan positiva como el desplazamiento del mar, constituye un hecho material en apoyo de esta teoría. [N. de A. Kardec.]

5. Entre los hechos más recientes que prueban el desplazamiento del mar, podemos citar los siguientes:

En el golfo de Gascuña, entre el viejo Soulac y la torre de Cordouan, cuando el mar está calmo, se pueden ver en el fondo del agua los lienzos de la pared de una muralla: son los restos de la antigua y gran ciudad de Noviomagus, invadida por el mar en el año 580. El islote de Cordouan, ligado a ese entonces a la costa, se halla hoy a 12 kilómetros de la misma.

En el canal de la Mancha, sobre la costa de Havre, el mar gana terreno al día a día y mina los alcantilados de Sainte-Adresse, que se desmoronan poco a poco. A dos kilómetros de la costa, entre Saint-Adresse y el cabo de la Hève, se encuentra el banco del Eclat, en otras épocas al descubrimiento y unido a tierra firme. Antiguos documentos constatan que sobre ese emplazamiento, por donde hoy se navega, existía la ciudad de Saint-Denis-Chef-de-Caux. El mar invadió el lugar en el siglo XIV y la iglesia desapareció bajo el agua en el año 1378. Se dice que cuando el tiempo está calmo se ven los restos en el fondo del mar.

Sobre casi toda la extensión del litoral holandés, el mar se retiene a fuerza de diques, que se rompen de tiempo en tiempo. El antiguo lago Flevo, reunido al mar en 1225, forma hoy el golfo de Zuyderzée. Esta irrupción de océano devoró numerosas ciudades.

De acuerdo con esto, el territorio ocupado por París y toda Francia será un día, nuevamente, invadido por el mar, como ya lo fue varias veces, según prueban las observaciones geológicas. Las partes montañosas

Indudablemente

podrán producirse aún perturbaciones locales como consecuencia de erupciones volcánicas, de apertura de nuevos volcanes y de inundaciones súbitas de ciertas comarcas, al paso que algunas islas podrán surgir del mar y otras hundirse en él. Pero el momento de los cataclismos generales, como fueron aquellos que marcaron los grandes períodos geológicos, pasó ya. La Tierra tomó un lugar que, sin ser absolutamente invariable, resguardará en adelante al género humano de las perturbaciones generales, sin contar las causas desconocidas, extrañas a nuestro mundo que, por consiguiente, nadie podría prever.

12. En cuanto a los cometas, hoy nadie teme su influencia, que se sabe más saludable que perjudicial, ya que su destino parece ser el de aprovisionar a los mundos -si se puede decir así-, obsequiándoles los principios vitales que reunieron durante su marcha a través del espacio y en la vecindad de los soles. Serían más bien fuentes de prosperidad que mensajeros de desgracias.

En razón de su naturaleza fluídica, hoy totalmente constatada, (cap. VI, n.º 28 y ss.), no se puede temer un choque violento, ya que, en el caso de que uno de ellos se topase con la Tierra, sería esta última la que pasaría a través del cometa como por entre un manto de neblina.

Su cola tampoco es temible. No es otra cosa que la reflexión de la luz solar en la inmensa atmósfera que los circunda, ya que está constantemente dirigida hacia el lado opuesto al Sol y cambia de dirección de acuerdo con la posición de ese astro. Esa materia gaseosa podría también, como consecuencia de la rapidez de su marcha, formar una especie de cabellera como el surco que deja el barco o el humo de la locomotora. Por otra parte, numerosos cometas ya se han aproximado a la Tierra sin causar daño alguno. En razón de sus densidades respectivas, la Tierra ejercería sobre el cometa una atracción mayor que la del cometa sobre ella. Sólo un resto de los viejos prejuicios puede inspirar temores sobre su presencia.6

13. Igualmente es necesario relegar entre las hipótesis quiméricas la posibilidad de un encuentro de la Tierra con otro planeta. La regularidad e invariabilidad de las leyes que presiden los movimientos de los cuerpos celestes quitan toda posibilidad a este encuentro.

Sin embargo, la Tierra tendrá fin. Pero, ¿cómo? Eso entra en el terreno de las conjeturas. Mas, como se halla aún lejos de la perfección capaz de alcanzar y de la vetustez que es signo de declinación, sus habitantes actuales pueden tranquilizarse sabiendo que no será en su tiempo (cap. VI, n.º 48 y ss.).

14. Físicamente, la Tierra sufrió las convulsiones de la infancia. Desde ese momento en adelante entró en un período de relativa estabilidad: el del progreso normal, que se cumple por el acontecer regular de los mismos fenómenos físicos y el concurso inteligente del hombre. Mas se encuentra aún trabajando para dar vida al progreso moral. Allí encontraremos los motivos que originarán las peores conmociones. Hasta que la Humanidad se perfeccione lo bastante mediante la inteligencia y la puesta en práctica de las leyes divinas, las mayores perturbaciones serán producidas por los hombres más que por la Naturaleza, es decir, que serán morales y sociales antes que físicas.

 

 

 

 

 

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