España fue la cuna de los grandes
Congresos Espiritas, habiendo los españoles unos pioneros en ese campo,
basta citar el Congreso Espirita Internacional de 1888, llevado a cabo
en Barcelona. En congresos realizados posteriormente, principalmente
el de 1934, la delegación española desarrolló ingente tarea a favor
de la tesis reencarnacionista. Anteriormente a la guerra civil de 1936-39,
España se destacaba, de forma inusitada, en la divulgación del Espiritismo,
bastando decir que ya en 1873 había sido propuesta en el Parlamento
Español la enseñanza de la Doctrina Espirita. Miguel Vives y Vives fue
uno de los más destacados personajes del Espiritismo en España. Su nombre
tuvo proyección mundial y su acción fue de las más notorias. Cuando
un hombre consigue cumplir una fecunda tarea en defensa y difusión del
ideal que sustenta, haciendo de él un culto y predisponiéndose a luchar
de forma ininterrumpida en su favor, podemos,
en realidad, calificarlo de apóstol.
Vives y Vives fue el Apóstol
del Espiritismo en España y, por la población de Tarrasa, era llamado
el Apóstol del Bien.
Fue un ejemplo vivo de abnegación.
Evangelizó a través de la palabra escrita y hablada, mediante la tribuna,
el libro y la imprenta. Toda su obra se apoyó sobre la fuerza moral
del ejemplo y vivencia de los ideales espiritas y cristianos.
Fundó la “Federación Espirita
del Valles”, de la cual surgió la “Federación Espirita de Cataluña”,
entidad que tuvo una vida efímera, pero que ha vuelto a resurgir y la
cual están recuperando los grupos espiritas de Cataluña.
En Tarrasa fundó el “Centro
Espirita Fraternidad Humana”, el cual sigue llevando el mismo nombre
y está en el mismo lugar. Lanzó la famosa obra “Guía Práctica del Espirita”,
hace muchos años llevada al portugués en la edición de la Federación
Espirita Brasileña. Otra de sus obras fue: “El Tesoro de los Espiritas”.
Fue también fundador de la revista
“Unión”, órgano que se incorporó a la revista “La Luz del Porvenir”,
de marcada actividad en la difusión de los ideales reencarnacionistas.
Fue presidente del “Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos”.
Su esplendorosa mediumnidad
hizo que se desarrollara, en Tarrasa, una verdadera obra a favor de
los necesitados del cuerpo y del alma, socorriendo a los desajustados,
a los enfermos y a los humildes, al punto de, al desencarnar, causar
profundo golpe en la población de aquella ciudad. Las fábricas paralizaron
sus actividades y el comercio cerró sus puertas a la hora del entierro
de su cuerpo, a fin de permitir a sus empleados poder acompañar al ataúd
al cementerio. Durante el trayecto, se formó una verdadera muralla humana
a lo largo de las calles y en la necrópolis, con el propósito de atender
a las peticiones de todos los que deseaban verlo, el ataúd permaneció
abierto durante una hora, y aproximadamente 5.000 personas desfilaron
frente a él.
Él no era político, no cortejaba la
popularidad y, sin embargo, gracias a su ejemplo de abnegación, recibió
una de las mayores consagraciones públicas de su tierra, a pesar de
vivir en un país de profundas tradiciones católicas, donde hombre y
libros fueron quemados en el transcurso de muchos siglos.
Miguel Vives fue un notable
Espirita. Fue un hombre que se dignificó por la práctica de las buenas
obras y por el desempeño de una verdadera misión de tolerancia y de
amor.
En uno de sus escritos, publicado
en la revista “La Doctrina” órgano de la Federación Espirita del Paraná
– Brasil, de cuya institución era socio honorario, escribió en 1906:
“Los Centros Espiritas deben ser la cátedra del Espíritu de Verdad,
porque al no tener el Espíritu de luz su cátedra, tendría su influencia
el Espíritu del error, e infelices de esos Espíritus que se encuentran
bajo la influencia del Espíritu de las tinieblas, porque poco, muy poco
adelantan en la senda del progreso.